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domingo, diciembre 29, 2013

"U2 es un negocio, no un pedazo de moral".


Ciudad de México
La figura de Bono parece intocable, no lo es para el periodista italiano Harry Browne en cuyo libro Bono, en el nombre del poder (Editorial Sexto Piso, 2013), pone en entredicho el activismo social del vocalista de U2.
Criado en Estados Unidos y colaborador para The Irish Times, Evening Herald y Sunday Business Post, Browne se afincó en Dublín donde le ha seguido la pista al cantante pese a que nunca haya acudido a alguno de sus conciertos… y quizá menos ahora que podría considerársele “persona non grata”.

¿Por qué abordar precisamente a Bono en este libro y no a otro artista?
La idea vino de alguien más, quien me aconsejó que hiciera un libro de él. Yo vivo en Dublín desde los años noventa y la razón es porque estoy ahí y porque creo que él representa algo importante en nuestro tiempo.

¿Cuánto tomó esta investigación?
Más de 10 años, lo mantenía en la mira, es un tema que me interesaba desde hace años, pero tuve que escribir el libro rápido. Había escrito artículos, no lo pensaba como libro. Lo difícil fue que no daban información sobre sus pagos de impuestos.

Creo que esa es la parte más comprometedora…
Los de los impuestos se ha abordado en Bloomberg o el Wall Street Journal; es difícil hablar de eso. U2 es un negocio, no un pedazo de moral. Creo que el tema sí ha dañado su reputación.

No eres el primer periodista que lo pone en tela de juicio. Es difícil escribir algo diferente contra él, hay muchos fans y políticos que lo defienden.
Él tiene una burbuja. Antes de publicar mi libro salió un artículo en The Observer, diciendo que esta es una conspiración. Gente como Bill Clinton lo defiende y los diarios dicen solo lo que está bien, pero esta no es una conspiración, es real. Tampoco es la última palabra del tema y algunos me dicen que es muy fácil criticar a Bono y no lo es.

Supe que el cantante irlandés Gavin Friday está muy enojado contigo…
Sí, me dijo que me fuera al carajo. Es un amigo muy cercano a U2; yo no tengo problema que diga eso contra mí. El comentario es publicidad en sí misma.

¿Bono te ha dicho algo?, ¿se lo has enviado?
No es mi trabajo enviar libros, no sé si el haya pedido a sus amigos que hablen contra él, Todo lo que dice es verdad. Lo escribí con mucho cuidado, con asesoría legal.

Dices que tu intención no era personal.
No, y parece que hay poca gente autocrítica y Bono no es una de ellas. Si vives en Dublín oyes muchas cosas sobre él. Uno de mis estudiantes que trabaja en un bar me contaba mucho sobre sus visitas ahí, por ejemplo.

Me llama la atención que su activismo está enfocado en África, Europa o Estados Unidos pero no en América Latina.
Es curioso porque el mercado latino es uno de los que más apoyan a U2. Cuando Bono habla del éxito de su campaña en África no quiere decir que no haya pobreza en China o en Latinoamérica, pero debes tomar en cuenta los lados de cada gobierno si son de izquierda, como lo era Hugo Chávez o lo es Evo Morales.

La última vez que tocaron en México sabían bien que aquí tenemos muchos problemas con el narcotráfico y el lo único que dijo durante sus conciertos fue “Ustedes no están solos” y ya.
Sabemos cuál es su círculo político y personal. Queremos saber qué es lo que Bono dice, porque mucha gente cree que todo lo que hace está bien.

En México visitó uno de los restaurantes más caros y prestigiados.
Eso es lo que a él le gusta. En Irlanda es catastrófico el desempleo, el cambio de la economía. Quizá él no se percata porque limpian su carro, va a restaurantes caros, porque él es muy rico, pero solo se fija en los asuntos de oídas, como el caso del narcotráfico en México...

domingo, mayo 15, 2011

Y ahí estaba de nueva cuenta Bono

Publicado hoy en "El ángel exterminador"de Milenio Diario.


Y sus 360 grados rotaron. A cinco años de su última visita, U2 ya no encuentra un México pacífico, sus enemigos ya no son unos juniors zedillistas pendencieros, sino una guerra con todos sus elementos.

A sus 51 años Bono ya no luce con los bríos con los que grabó discos emblemáticos como War, The Joshua Tree o Achtung baby; aún tiene ganas de rockear, de seguir la fiesta, de tratar de salvar al mundo, de exhortar a las masas, pero… pareciera como si U2 necesitara resguardar su deficiente álbum No line on the horizon bajo un apabullante espectáculo multimedia y un enorme armatoste en forma de garra donde recibe la segunda década del siglo XXI.

Y sus 360 grados rotaron. A cinco años de su última visita, U2 ya no encuentra un México pacífico, sus enemigos ya no son unos juniors zedillistas pendencieros, sino una guerra con todos sus elementos. En este país encontraría tierra fértil para seguir sembrando su lucha a favor de las causas sociales, como el caso de la noche del miércoles, cuando dedicaron “Moment of surrender” a los allegados a las víctimas del crimen organizado, pero descartaron de su discurso la renuncia de Genaro García Luna, el grito de “No más sangre” (o “No more”) o el proselitismo a favor del SME. No fuera a ser que se las fueran a aplicar como a Joaquín Sabina.

Algunas figuras públicas no pudieron disimular su fanatismo al estar cerca de los hijos predilectos de Dublín, como Felipe Calderón, quien en su cuenta de Twitter describió al cantante como “un gran personaje” durante su encuentro con él en Los Pinos. Las críticas de los twitteros no se hicieron esperar: “¿hablaron de alcoholismo?”, “¡no se ponga a pedir autógrafos!”, “¡que no sea sólo para tomarse la foto!”, “me alegra que su vida sea tan glamorosa. ¡Sea serio!”.

Y la prensa tampoco se quedó atrás: Carlos Loret de Mola en su programa de radio preguntó toda clase de nimiedades al dueño de un famoso restaurante de Polanco donde Bono celebró su cumpleaños el 10 de mayo: con quién había acudido, qué mesa había apartado, qué eligió del menú; o Adela Micha y su entrevista previa en Brasil donde quedaron de visitarla en su casa “para tomar barricadas de tequila”.

A decir de muchos asistentes, U2 está deteriorado y en declive, pero tratando de recapitular los buenos años en que enarbolaban una bandera de forma contestataria. “Yo sólo vine a ver el escenario… ¡Ah! y a Snow Patrol. Decían algunos con cierto aire de desdén.

En cambio, otros más apasionados habían salido de varios rincones del país para la gran noche sin importar las consecuencias, como el caso de Armando, quien llegó desde Atizapán, Estado de México, mientras que a las amigas que lo acompañaban no les importó viajar 12 horas desde Puerto Vallarta con tal de estar cerca de los irlandeses. Se habían conocido en Monterrey y no pudieron acudir al concierto de febrero de 2006 en el estadio Tecnológico y aquí buscaban una especie de reivindicación. Otros, como Gonzalo, obtuvieron sus boletos en el aeropuerto de Guadalajara gracias a un vendedor fortuito-como hada madrina-justo antes de abordar el avión hacia el Distrito Federal. Su amigo Edgardo manejó desde la misma ciudad y llegó en el momento en que el concierto comenzó.

En el caso de quien escribe estas líneas arribó de manera tardía bajo una copiosa lluvia conversando con otros fanáticos que habíamos compartido la ruta desde el Metrobus de Insurgentes Sur hasta la delegación Tlalpan y de ahí tomamos un microbús que nos llevó hasta el estadio. Los revendedores nos acosaban, pero sus precios no resultaban tan excesivos debido a que ese mismo día 3 mil boletos habían sido liberados. Una mujer me ofrecía uno de cancha en 800 pesos, aunque posteriormente lo incrementó al doble. En cambio, las playeras costaban de 20 a 50 pesos más de lo que habitual. Muchos locatarios escondieron sus mercancías súbitamente al ver que se acercaban los operativos de la Policía Federal y por ende obtuve un descuento de forma imprevista:

Me acerqué a uno:

—Buenas tardes. ¿Qué cuesta esta playera?

—Se la dejo en 100, damita.

—¿La tiene en color negro?

—La vendedora apresurada y nerviosa buscaba en sus bolsas de plástico donde ya había guardado todo para echarse a correr.

—Aquí está.

—¿Pero la tiene en una talla más chica?

La mujer sudaba la gota gorda, saqué un billete de a doscientos, me devolvió rápido el cambio y escondió de nueva cuenta sus pertenencias.

—¡Estos operativos! —se quejó.

Cruzando la puerta principal se instaló un lujoso bar para el precopeo de la banda socialité. Al llegar a mi lugar conversé un rato con Manuel, quien me contó que en 2006 sobornó a los elementos de seguridad con 100 pesos para que le permitieran sentarse junto a su esposa y a su grupo de amigos, quienes compraron boletos en diferentes localidades.

Ver en esta ocasión en directo a U2 resultaba más sobrecogedor que en la gira Vértigo. Mientras bebía una botella de agua de 30 pesos escuché lo más destacado de su discografía; recordé las buenas tardes de la adolescencia escuchando “Even better than the real thing”, “I will follow”, “Beautiful Day”, “Mysterious ways”, “Until the end of the World” y “Hold me, thrill me, kiss me, kill me”, que sonaban con un audio deficiente en un estadio multitudinario. Algunos asistentes muy entusiastas, otros de lo más apáticos y hasta pousers.

Las letras de U2 ya no distan de la realidad mexicana actual. Hace unos cuantos años pensábamos que “quedaban muy lejos” los conflictos en Irlanda del Norte, la guerra de Bosnia Herzegovina o la represión en Birmania. Ahora escuchar temas como “Sunday Bloody Sunday” nos remiten a alguna ciudad cercana como Juárez, Reynosa, Morelia, Cuernavaca o Torreón, donde también hay domingos sangrientos… y lunes y martes y miércoles y jueves y viernes. “Seca las lagrimas de tus ojos/ es verdad que somos inmunes cuando los hechos son ficción y la televisión realidad”. O la imagen de “Miss Sarajevo”, que se asemeja al triunfo de Ximena Navarrete: “¿Es éste el momento para elegir el vestido adecuado? ¿Para peinado y lapiz labial? Cantaban a dueto con el fallecido Luciano Pavarotti.

Y ahí estaba de nueva cuenta Bono, cada vez más envejecido, igual de amado y odiado, predicando a su enorme séquito; el mismo que departe con las altas esferas de la política, el que lucha por combatir la pobreza y el hambre, el que come comida mexicana en restaurantes de caché, el que invita chicas a subir al escenario y el mismo que intenta hablar español con su público latino. Una vez más él y su banda dejarían su marca, como fuego inolvidable.

Discurso de Jaime López para presentar el libro "Crónica Biciteka" de Georgina Hidalgo. (Producciones El Salario del Miedo, 2021.) Lugar: Fonda El Convite. Fecha: 20 de octubre de 2021.

              ACERCA DE LA CRÓNICA BICITEKA DE GEORGINA HIDALGO VIVAS                                                                     ...