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viernes, enero 17, 2014

Una noche de perros


Publicado el 12 de enero de 2014 en Milenio Dominical

http://www.pressdisplay.com/staging/timesonline/es/viewer.aspx

La tradición inglesa de las carreras de galgos se mantiene en esta zona londinense a pesar de los consorcios inmobiliarios y financieros, que buscan mayor rentabilidad y presionan para demoler los galgódromos y construir modernos edificios departamentales y centros comerciales.
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Londres
Inglaterra es una tierra propicia para los galgos, más allá de su faceta doméstica o de la simple moda hipster de pasear con ellos por la calle, representan una industria y una tradición antiguas: las carreras, donde además se obtienen fuertes sumas de dinero —aunque en la actualidad algunos de los estadios donde se llevan a cabo tienen una vida incierta.
Una liebre mecánica se desliza a toda velocidad y los canes la persiguen como si se tratase de una chuleta en movimiento. Los eufóricos ingleses claman y celebran. El dinero apostado, las esperanzas y sueños, se disuelven muchas veces en alcohol.
En México hubo pocas pistas, entre ellas las de Tijuana y Ciudad Juárez.

Al sur de Londres aún queda uno de los espacios para estas competencias de perros, deporte clásico en Inglaterra e inusual en México, donde solo han existido unos cuantos galgódromos, entre ellos el de Tijuana, perteneciente al consorcio Caliente, propiedad de Jorge Hank Rhon, y otro en Ciudad Juárez.
Estas carreras representan un gran negocio en Gran Bretaña, pero a diferencia de lo que ocurría en el siglo XX, ya no es uno de sus máximos entretenimientos. Cada año generan una derrama económica de millones de libras esterlinas, según el sitio de internet del Greyhound Board of Great Britain (GBGB), organización encargada de controlarlas y supervisar a los entrenadores, el trato a los animales, aplicarles el antidoping y administrar el dinero en juego. (También existen otras carreras llamadas flappings que se manejan de manera independiente y no están sujetas a lineamientos tan rigurosos; sus cifras son desconocidas, ya que su único organismo regulatorio son los gobiernos locales).
Lo espectacular de estas carreras genera atractivas fotografías, entre ellas la de la célebre portada del disco Parklife, de Blur (1994), que mostraba una competencia en el desaparecido estadio londinense Walthamastow —el más importante de su época, demolido en 2008 y transformado en zona residencial.
Inglaterra cuenta con 25 estadios registrados y nueve llamados independientes para carreras de galgos. A pesar de que estas justas surgieron desde el siglo XVIII, no se popularizaron sino hasta los años veinte en Estados Unidos. En 1926, el empresario estadunidense Charles Munn buscó abrirles espacio comercial en Inglaterra con la construcción del primer estadio en Manchester, llamado Belle Vue, que hasta la fecha se mantiene en actividad. Asociado a otros hombres de negocios, Munn creó la Greyhound Racing Association (GRA), una empresa privada que opera espacios como el Wimbledon Greyhound Stadium.
Los galgos de carreras recorren una distancia de entre 210 y mil 100 metros, en pistas ovaladas o circulares, persiguiendo una liebre mecánica.

Para las carreras, a los perros se les mantiene en vigilancia para evitar que sean drogados y obtengan ventaja desleal sobre sus competidores. Según el último reporte antidoping emitido por la GBGB en marzo de 2010, solo 0.52 por ciento resultó positivo por uso de estimulantes, un porcentaje muy bajo que habla de la severidad de los encargados de supervisar la limpieza de las competiciones.
En Wimbledon, al sureste de Londres, se encuentra uno de los estadios para carreras de galgos más antiguos de esta ciudad. Se ha mantenido activo desde 1928, pero ahora se encuentra en la mira de los especuladores inmobiliarios, quienes pretenden demolerlo para construir un enorme complejo comercial y lujosos departamentos.
Ruinoso, deteriorado por el tiempo y la incuria, este estadio podría terminar como el de Walthamastow, pero algunos ciudadanos han promovido una campaña de rescate y renovación; se ha buscado apoyo por internet y enviado misivas tanto al actual alcalde Boris Johnson, a la House of Commons y la House of Lords, para impedir su destrucción, que de llevarse a cabo podría afectar no solo a la industria local sino a la del resto del Reino Unido.
En Wimbledon, zona fecunda en deportes, se realizan de forma frecuente competencias caninas, aunque es más conocida en el mundo por sus campeonatos de tenis, partidos de futbol y carreras de autos. Poblada por familias británicas e irlandesas conservadoras de clase alta, sus alrededores son cercados por bosques frondosos como Richmond Park, y la humedad propicia un ambiente frío. Los autobuses circulan de manera esporádica y las líneas de tren y underground (Metro) son limitadas debido a que es común el uso del automóvil entre sus residentes. Aquí se encuentra el estadio; su situación es precaria y, por lo mismo, se encuentra en la mira de los inversionistas que buscan espacios para construir edificios modernos y rentables.
El costo de la entrada al Wimbledon Greyhound Stadium es de cinco libras esterlinas. No obstante, al pagar se incrementa a siete, ya que el precio fijo solo se aplica cuando “se reserva con anticipación” por internet. El cobro extra no es impedimento. En sus instalaciones abunda un olor a antigüedad, a lo que no ha sido renovado. El descuido es evidente y la luz escasa. Con la esperanza de atraer clientela en temporada navideña se ofrecen paquetes y combos que incluyen elcover, la comida y otros servicios. Es sábado por la noche y los jóvenes que todavía encuentran interés en acudir al estadio llegan ataviados con ropa de fiesta, las mujeres de tacones altos, prendas de marca y maquillaje esmerado. La moda es evidente en cada rincón. En una de las salas se exhiben los galgos sujetados por sus entrenadores. Briosos y raudos en la pista y dóciles a una corta distancia. Está permitido tocarlos y acariciarlos bajo una cooperación voluntaria.
La carrera está por comenzar. Algunas familias se reúnen tras un ventanal que las separa de la pista, donde pueden ver sus apuestas que van desde 5 libras esterlinas como mínimo hasta cientos o miles, según su consideración y presupuesto. La cocina donde se preparan fritangas expele un olor grasiento. Para los niños se trata de un espectáculo con animales mientras sus padres los exhortan a seguirlos con atención y seriedad. Solo los muchachos salen a las gradas, cerveza en mano durante la fría noche, para apreciar las enormes dimensiones del lugar que antaño lucía abarrotado y hoy ni siquiera se ocupa a la mitad, una estampa semi vacía de ocho mil asientos. Esto alguna vez fue una gran fiesta.
Suena la alarma y una fugaz y vertiginosa competencia levanta pasiones. La velocidad a la que corren los canes es tan intensa que semejan volar y se vuelven manchas oscuras. No hay tiempo de captar una fotografía para redes sociales, los flashes están prohibidos. No ha transcurrido ni un minuto y los galgos con nombres excéntricos como Blue AnnaNeon LillyFine Lopez o Halls of chile corren persiguiendo la liebre mecánica como si en ello les fuera la vida. “Go, go, go!”, gritan los niños tras el ventanal y se contagian de la euforia mientras que para los adultos representa una angustia y la oportunidad de crear una fortuna inmediata… o caer en la bancarrota. Entre el gozo y la decepción, los apostadores celebran o lamentan la llegada a la meta. Los perros siguientes aguardan su turno y son colocados para la nueva carrera. El ciclo se repite con deseos de seguir jugando y bebiendo hasta terminar descapitalizados… o borrachos.
El estadio de Wimbledon conserva su tradición canina y se niega a convertirse en un recuerdo hecho añicos. Las carreras buscan continuar como diversión para las grandes expectativas monetarias y los bolsillos desfalcados hasta que nuevas actividades lleguen y suplanten a las de antaño. Mientras tanto, los galgos no dejarán de perseguir al conejo mecánico.
El galgo más exitoso ha sido la perra Stepaside Glenis, que en el último lustro lleva 20 triunfos en 38 carreras, de acuerdo al sitio greyhound-data.com

domingo, noviembre 17, 2013

Battersea y el gran vuelo de Algie

La central termoeléctrica cede su lugar a un complejo de parques, centros comerciales y departamentos; la vieja construcción ilustró hace 35 años la portada del disco Animals, de Pink Floyd.

Reino Unido
Sus puertas se habían mantenido cerradas a cualquier visitante desde 1983, hasta que un frío fin de semana de septiembre filas de entusiasmados y nostálgicos ingleses acudieron a conocer el interior de la antigua central termoeléctrica londinense de Battersea, como reencontrando a un viejo amigo olvidado o descubriendo un nuevo personaje fascinante.
Battersea es un barrio en el municipio de Wandsworth al sur de Londres. Su planta representa un patrimonio industrial para Gran Bretaña, y significó una imagen trascendente en la carrera de Pink Floyd en la portada de su disco Animals (1977). Colindante con el río Támesis, es un lugar emblemático que no figura en los folletos como sitio turístico excepto por el buen tino de una celebración anual llamada Open House, en el que diversos edificios londinenses de acceso restringido abren sus puertas por única ocasión. Encargada de proveer luz a la ciudad por medio siglo, Battersea se dejaría penetrar por ultima vez antes de convertirse en un ambicioso complejo comercial con departamentos de lujo, parques y almacenes de prestigio, a construirse en un plazo de 10 años aproximadamente.
Esta solía ser una estampa habitual vista desde el tren por las estaciones Vauxhall y Clapham Junction, rumbo al centro, pero se ignoraban sus interiores. No hay una estación de tube (como se le llama en Londres al Metro) que otorgue una salida inmediata. Esta vez se trataba de la oportunidad propicia para explorar este recinto, conocido y misterioso a la vez por su fachada de ladrillo art déco y dos chimeneas blancas que remiten a las columnas de un antiguo palacio.
Battersea Power Station fue diseñada por Sir Giles Gilbert Scott, integrante de una prestigiada familia de arquitectos, quien también diseñó el puente de Waterloo, la cabina telefónica roja —otro ícono londinense—, y la catedral anglicana de Liverpool. De familia católica, concursó para construir esta iglesia en 1902, cuando tenía 22 años de edad, lo que le hizo obtener notoriedad. A principios de 1930, la London Power Company le asignó el proyecto de esbozar el frente del edificio. Originalmente, el ingeniero Leonard Pearce se había encargado de los cimientos. El trabajo de Gilbert Scott consistió en darle una mejor proyección a su apariencia externa y eligió material de ladrillo, mármol italiano, pisos de madera y hierro forjado para las escaleras, cuyos restos aún pueden apreciarse. Battersea tuvo una vida activa desde 1933 y duró 50 años.
Muchos años después se rinde pleitesía a esta obra propiciando que algunos visitantes no se inmuten por cinco horas de espera en las filas, ingeniándoselas en matar el tiempo, sentados en sillas desplegables, leyendo periódicos, charlando sobre temas intrascendentes o fumando para mitigar las bajas temperaturas. Los más osados lograron acampar desde la noche anterior asegurando su acceso inmediato. En su mayoría británicos, sonaban los acentos de asombro provenientes de otras partes de Europa, como Italia o Irlanda. La sorpresa invade en el limitado espacio y tiempo designado para los que esperan su turno con ansiedad y los flashes fotográficos se proyectan como si se tratase de una alfombra roja con celebridades. No hay tal, es solo una vieja planta que despierta la curiosidad de los veteranos que la conocieron en su apogeo y de los jóvenes que se familiarizaron con ella a través de aquellos, leyendo revistas, consultando internet o escuchando a Pink Floyd.
¿Por qué despierta la curiosidad esta vetusta edificación? La historia de Battersea tiene otras vertientes afines a la cultura pop y rock más allá de la arquitectura. Quizá su imagen más representativa sea aquella que surgió de la cabeza de Roger Waters para fotografiarla en la portada del décimo disco de Pink Floyd Animals (1977), con el cerdo volador inflable entre las chimeneas. Era obra discográfica en que se hacía una ácida burla al capitalismo y cada una de sus estructuras comparándolas con los animales: los perros representaban a la ley, los cerdos a los mandatarios y las ovejas a los peones descerebrados. Basada en la novela de George Orwell Animal Farm, su enfoque se centraba en los tiempos comunistas.
No puede haber una obra artística perdurable si no hay un capricho extravagante de por medio. Entonces, en vez de un montaje que hubiese resultado menos costoso, se produjo una sesión fotográfica de tres días. Algie, como se llamó al famoso animal creado por el artista Jeffrey Shaw, requirió horas para ser inflado y los fotógrafos y el tirador contratados permanecieron inactivos. Al segundo día, los organizadores olvidaron llamar al tirador y una racha de viento rompió las sogas que lo sostenían para dar a Algie la libertad de volar por los cielos de Londres. El cerdo se perdió de vista y los asustados pilotos que viajaban desde el aeropuerto de Heathrow lo detectaron a 30 mil pies de altura, lo que provocó un caos aéreo en el que algunos vuelos se cancelaron mientras la pieza paseaba por los aires. Su destino fue el aterrizaje en una granja de Kent, donde lo recuperó y devolvió un granjero. Tras ser remendada la pieza, se realizó la toma definitiva.
En septiembre de 2012, se realizó en Battersea una nueva imagen para celebrar el 35 aniversario del lanzamiento de Animals con un nuevo puerco hecho de PVC. Se quiso utilizar a Algie, que permaneció en un taller de Suffolk por un largo periodo; pero por su edad y el desgaste ya no estaba en condiciones de hacer travesuras aéreas, a diferencia de su padrino Waters. Hasta la fecha el cerdo se mantiene como emblema de sus conciertos.
¿Qué es lo que le depara a Battersea? En julio de este año, según BBC News y el diario Evening Standard se lanzó el plan maestro de renovación con capital financiero de Malasia. El proyecto costará ocho mil millones de libras, para que en un lapso de 10 años se construyan en Battersea oficinas, parques, tiendas, tres mil 500 casas y una nueva estación del underground para comunicarla. Se respetará la estructura original asociándose con las empresas Sime Darby, SP Setia y el fondo de Employees Provident Fund de Malasia. Con ello se abrirán 15 mil fuentes de empleo. Hace un año se firmó el contrato con el director del proyecto, Tan Sri Lew, y su primera etapa espera concluirse en 2016. Grandes esperanzas y entusiasmos se aguardan.
De esta manera, un nuevo rostro citadino figurará en Londres para una futura generación que creció distante de su faceta de planta termoeléctrica. El cerdo Algie dejó de volar entre las chimeneas, pero su imagen sigue plasmada en los aires para quienes dirijan su mirada al cielo si es que las espesas nubes y la lluvia no lo impiden.

miércoles, noviembre 06, 2013

La ruta de Amy Winehouse y un brindis en su memoria

Nueva colaboración en El ángel exterminador de Milenio Diario

“Quiero que la gente escuche mi voz y olvide sus problemas por solo cinco minutos. Quiero ser recordada por conciertos que agoten localidades y se llenen en su totalidad. Quiero ser recordada por… ser solo yo”. Cuando Amy Winehouse escribió este ensayo en 1997 en la escuela de teatro Sylvia Young sobre la manera en que deseaba trascender en el mundo, no sabía hasta qué punto sus palabras traspasarían el papel y la pluma. Éste se encuentra expuesto en la actualidad en el Museo Judío de Londres como parte de una semblanza a su vida personal en un nivel más íntimo, más allá de sus escándalos artísticos.
Su familia se encargó de rendirle un homenaje póstumo a través de la exhibición A family portrait conformada por fotografías, videos, discos y objetos personales que definieron la obra, el triunfo y el declive de “la diva del soul”. Una colección en honor a sus raíces judías donde la unión parental fue punto clave en su formación… pero omitiendo el influjo de su marido Blake Fielder-Civil. Desde entonces era evidente su amor hacia Frank Sinatra, al jazz y el soul y la nula influencia de grupos del momento como las Spice Girls.


El pasado septiembre Winehouse hubiese cumplido 30 años de edad; su figura se ha transformado en un icono local en su antiguo vecindario, al norte de Londres, como un centro de culto. Su imagen vive dibujada y fotografiada en algunos muros. La huella sigue firme a través de avenidas como Chalk Farm y el número 30 de Camden Square donde permanece el flat (departamento) en que pasó sus últimos días y al que llegaron decenas de fans a despedirla el 23 de julio de 2011, fecha de su deceso. Parece como si nunca hubiera estado ahí, no hay indicios ni siquiera de la placa que da nombre a la calle, ni paparazzi espiando.
Durante el día, este barrio es un lugar de paseo con tiendas, restaurantes y cafés dirigidos a jóvenes visitantes similar al Haight Ashbury de San Francisco. A los alrededores, mercados como Camden Lock y Stables Market ofrecen baratijas y souvenirs a precios económicos. Por la noche abunda un ambiente bohemio con música estridente, barullo y busypubs (bares concurridos) donde británicos y turistas conviven por igual, beben y ríen de forma ruidosa sin importar los países de los cuales provengan. Pese a las bajas temperaturas, las chicas caminan desinhibidas en falda corta, shorts y escotes. El frío no es un obstáculo para la sensualidad.
Es justo en una de estas tabernas como The Hawley Arms donde Amy Winehouse acudía de manera habitual. Una fotografía suya se asoma desde una ventana del tercer piso, como observando a los visitantes. La música suena a altos decibeles y pulula un olor a cerveza rancia. La nostalgia se manifiesta más en los baños sucios donde sus admiradores le escriben mensajes en las puertas de los excusados como: “Amy, por favor no te drogues en el cielo”. “Te extrañamos”. “Te queremos”. No se puede negar que desde entonces la popularidad de este pub ha ido in crescendo.


En el acervo fotográfico familiar de la cantante es difícil de creer la transformación de niña inquieta y estudiante talentosa a mujer adulta atormentada y herida por las drogas cuyas imágenes circularon en tabloides amarillistas. Tal vez el papel severo y sarcástico de la prensa británica la orilló de manera paulatina a dar su mejor noticia al igual que Diana de Gales: la muerte. Su padre, Mitch Winehouse se ha encargado de impulsar una fundación con su nombre auxiliando a jóvenes adictos y escribió un libro en su honor titulado: Amy, my daughter. ¿Recuerdo genuino o deseos de un poco de reflector? Quizás, guardando la distancia, esta sutileza entre amor parental y fama y dinero es semejante al homicidio de la cantante Selena y la serie de proyectos comerciales que desarrolló su padre Abraham Quintanilla de manera póstuma explotando su imagen. Criticado y agradecido por igual.
La noche vuelve a caer en Camden Town. Los juerguistas británicos blancos y negros acuden una vez más desde diferentes puntos de Londres en busca de la fiesta y el jolgorio. En el bar The Black Cap celebran una gala apoyada por el Lord Mayor local, Jonathan Simpson, para obtener subsidios que ayuden a la fundación, como las 12 libras esterlinas de cover y la presentación de un show travesti conformado por los extravagantes drag queens Baga Chipz, La Voix, Topsie Redfern, Lana Pillay y Le Gateau Chocolat. Todos siguen profesando admiración por la cantante y su conexión con la sensibilidad gay.
Amy partió dejando un legado en su barrio y la escena musical, quizá como un pájaro que escapa volando. Ella nunca tuvo uno como mascota, sólo una jaula vacía en su departamento. Su familia decidió exhibirla en el museo como una metáfora de un ave que se va al cielo…o que más bien regresa a la oscuridad.
@miricaiba

viernes, octubre 04, 2013

El hechizo de Leonard Cohen

Publicado el domingo 29 de septiembre en el suplemento dominical de Milenio Diario

El hechizo de Leonard Cohen

DOMINICAL • 
El 15 de septiembre pasado se presentó en la 02 Arena londinense el cantautor canadiense, quien a sus casi 80 años aún seduce con su inigualable voz, sus canciones y su música tanto a los fans que lo han seguido desde los años sesenta como a los que apenas lo descubren.

Londres  • Se creía que el espectáculo había terminado, que su vida se dirigía a un monasterio budista, pero el destino —o el desfalco de su ex representante— lo encausó de nuevo en el camino de la música para seguir ofreciendo conciertos alrededor del mundo. Primero había conquistado Manhattan, después Berlín… y en esta ocasión Londres, en el O2 Arena.
“No sé cuando volvamos a vernos, pero esta noche daremos todo lo que tenemos”. Se sinceró Cohen al inicio de su única fecha en esa ciudad para después dirigirse a Holanda y Australia y promover durante el otoño su disco de 2012 Old ideas. América Latina no figura entre sus planes geográficos. Su avanzada edad o sus deseos de dejar el traje y la corbata por la meditación podrían desviarlo una vez más de su vocación musical, como lo hizo a mediados de los noventa. Esa noche le pertenecía y debía enamorarla y atraparla con su mejor arma: su voz.
Durante esos días la capital británica se encontraba envuelta en frío, lluvia, noticias sobre la amenaza de invasión a Siria y el estreno de la película biográfica de Diana de Gales y la escandalosa monarquía fecunda en chismes. El turismo vertiginoso y omnipresente invadía por doquier la ciudad pese al mal clima y al fin de la temporada alta. Se trataba de un 15 de septiembre en que México celebraba su Grito de Independencia y escuchar a Cohen en el Reino Unido resultaba lo menos patriótico. Tal vez sus vetustos y fieles seguidores deberían agradecer a Kelley Lynch, su ex mánager, por fugarse robándole todo su patrimonio y obligándolo así a volver a los escenarios a recuperar su estatus y ganarse el derecho de ser monje.
***
“Dance me to the end of love” fue el primer tema que brotó de su experimentada garganta para verter las lágrimas de algunos asistentes y ya no detenerse en las siguientes tres horas. Inició a las 19:45 de la noche y a las 22:20, tras 27 canciones, el desenlace parecía nunca llegar. En el Distrito Federal, The Cure logró una hazaña semejante durante su presentación en abril en el Foro Sol. Cohen tiene 25 años más que Robert Smith y es capaz de emprender un concierto de largas proporciones, aunque con 39 minutos de intermedio. Sin deseos de despedirse de una ciudad donde sus recitales han sido numerosos, pero cada vez más esporádicos. En México nunca ha habido atisbo alguno de sus luces… y todo parece indicar que nunca lo habrá.
El cantante canadiense luce brioso a sus 79 años, que cumplió el 21 de septiembre pasado. De frágil apariencia, pero con una voz poderosa capaz de conmover y excitar a una audiencia de edad madura en su mayoría. No se trataba de un concierto convencional de rock, ni se dirigía a jovencitos que en circunstancias mexicanas harían todo tipo de escándalo. Nada de estridencia o barullo… al menos hasta la segunda mitad, después del intermedio, cuando la euforia explotó y algunos le gritaban palabras como “I love you!”. Otros más imitaban su indumentaria y los sombreros negros y corbatas predominaban. Los ingleses veteranos son flemáticos y serios y necesitan un poco de cerveza para explayarse y dejar a un lado la timidez, a diferencia del público más juvenil y desenfadado que lo recibió en la primavera de 2008 durante su presentación en el Festival Coachella de Indio, California, justo en su periodo de regreso. Galardones como el Príncipe de Asturias de las letras le aguardaban para su acervo tres años después.
No son “viejas ideas”, sino una renovación en su carrera y una serie de nuevas canciones que esperaban ser tocadas y rememoradas a la par de sus antiguos himnos como “Hallelujah”, “Take this waltz” o la perenne “Suzanne”. En Old ideas se pueden encontrar temas de alta factura y sofisticación como la inicial “Darkness” o “Come healing” y sus dulces coros femeninos y baladas portentosas como “Going home” y “Amen”: “Tell me again when I’m clean and sober/ Tell me again when I’ve seen through the horror/ Tell me again, tell me over and over/ tell me that you want me then/ Amen, amen”. (Dímelo de nuevo cuando esté sobrio y limpio, dímelo de nuevo cuando haya visto el horror, dime una y otra vez que me deseas. Amén).
Cohen no es inglés ni un rocker irreverente, pero ha sido una fuerte influencia para muchos de ellos y otros de sus contemporáneos que han estado a punto de alcanzar su edad en condiciones más extremas y libertinas como los Rolling Stones. Bandas como U2 o REM le han rendido pleitesía en álbumes como I’m your fan (1991). Otros longevos han ofrecido conciertos recientes en tierras británicas, como Roger Waters con una nueva faceta de la gira The Wall, también Neil Young y Bruce Springsteen. Tal vez de no haber muerto 20 años atrás, su coetáneo Serge Gainsbourg hubiera llegado a su mismo nivel. Canadá ha seguido presente en la escena con artistas más noveles como Justin Bieber, Grimes y la banda Arcade Fire para públicos distintos, juveniles o hasta hipsters que no pueden soslayar la imagen de su padrino aunque sin compartir la misma corriente musical.
***
¿Qué nos mueve hoy a ver a Cohen si tampoco se trata del artista de moda ni se ha reajustado a las nuevas tendencias para complacer a la juventud? Quizá solo sea un poco de nostalgia, el apreciar una obra maestra hecha por un auténtico artista o simplemente la sensación de saber que en cualquier momento será la última vez que esté de pie, cantando y llenando estadios por no módicas cantidades de dinero —como un boleto de 70 libras esterlinas— y un viaje de más de 11 horas en vuelos impredecibles y aerolíneas con servicios cuestionables. Escucharlo implica entonces un precio más allá de lo económico, pero una enorme recompensa, como un rito de paso.
El O2 Arena tiene grandes dimensiones, hubiese acogido uno de los conciertos de la gira de despedida de Michael Jackson, programada en julio de 2009, de no ser por su sorpresiva muerte. Para llegar se requiere utilizar el metro (underground, como se le llama en Londres) y bajar en la estación North Greenwich, que pese a la lluvia y el frío es ágil y ordenado recibiendo multitudes. En septiembre también se esperaba la reunión de Fleetwood Mac en ese mismo recinto, pero Cohen lo transformó esa noche en un lugar pequeño e íntimo, como la sala de una casa en la que se reúnen viejos amigos que han dejado de frecuentarse.
En algunos intervalos aprovechó para recitar varios de sus poemas en un ambiente de calma, melancolía y un toque de sutil sensualidad. “Like a bird on a wire, like a drunk in a midnight choir, I have tried in my way to be free”. (Como un pájaro sobre un cable, como en borracho en un coro de medianoche trato de encontrar la manera de liberarme”). Palabras de “Bird on a wire”.
Las canciones de este canadiense emanan sentimientos encontrados. Aunque mantiene poco contacto visual con el público, se postra hacia él a manera de reverencia, lo que denota su pasión y agradecimiento. “Gracias por no irse a su casa”, decía. Cohen tiene un seco sentido del humor para bromear, puede ser gracioso sin perder un ápice de seriedad. “¿Creen que esto es lo mejor que puedo hacer? ¡Pues entonces vean esto otro!”. Se refería a su impetuosa manera de tocar el teclado con el codo mientras el público inglés estallaba en risas y celebraba su jocosidad. Sus años no son obstáculo si de hacer un chiste se trata… ni la distancia que hay entre México y Gran Bretaña en presenciarlo. “Everybody knows” es recordada por las escenas de la película Exotica en que la actriz Mia Kirschner bailaba en uniforme de colegiala y la voz de Cohen fungía de leit motivacompañándola.
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El amor y las mujeres son otra pieza fundamental de su trayectoria, canciones y musas que han recorrido su vida como “Suzanne”, inspirada en Suzanne Verdal, esposa del escultor Armand Vaillancourt y “So long, Marianne” creada por la influencia de Marianne Jensen, “la mujer más hermosa que había conocido” y a quien encontró a su paso por la isla griega de Hydra en su transición de poeta a cantante. De su relación con la actriz Rebecca de Mornay parece no quedar rastro u homenaje… ni de su carrera fílmica, aunque sí del recuerdo de Janis Joplin y su tema “Chelsea hotel”.
La banda que acompaña a Cohen en esta gira está formada por músicos de diferentes nacionalidades, poco conocidos pero diestros y experimentados, como el bajista estadunidense Roscoe Beck, las coristas de voces profundas y envolventes: Sharon Robinson y las hermanas inglesas Charley y Hattie Webb; el guitarrista español Javier Mas, el moldavo Alexandru Bublitchi, a quien se dirigía como “el mejor violinista del mundo”, y el percusionista Rafael Bernardo Gayol, originario de la Ciudad de México y criado en Los Ángeles, quien ha participado en grupos como Tito & Tarantula y bandas sonoras de películas como Sin City Kill Bill vol. 2. Algunos más jóvenes que otros y unos de nuevo ingreso que ha conocido por festivales como San Remo. En esa noche de recuerdos y novedades sus hábiles instrumentos tocaban por igual las notas clásicas de “I’m your man”, “Tower of song”, “First we take Manhattan” y “Lover, lover, lover” como de las recién estrenadas que buscan trascendencia.
¿Qué será de la vida de Leonard Cohen en los años siguientes cuando cruce el umbral octogenario? Tal vez sea el azar, las malas jugadas, sus fracasos amorosos y engaños de mánagers traicioneros lo que lo han llevado a seguir obteniendo triunfos ahora, más allá de su vieja utopía mediterránea de los sesenta de vivir escribiendo poesía en una isla girega. Aún así, hoy demuestra que el poder de su voz todavía es capaz de hechizar y provocar el llanto y la alegría de algunas mujeres conmovidas por su fuerza presente. El tiempo no pasa en vano, pero él sigue siendo “Nuestro hombre”.

sábado, julio 28, 2012

Historias de una tierra muy lejana (Cuarta parte)


Un par de fotografías del estadio olímpico  tres años antes de su inauguración
  sobre un tren vía Suffolk-Londres.

Cuando tomé estas imagenes no tenía  idea realmente en donde me encontraba ni lo que significarían hasta el día de hoy que presencié la ceremonia de inauguración de las olimpiadas. Simplemente  las capté por intuición. Mi periplo comprendía de un pueblito llamado Shingle Street ubicado en Suffolk, al este de Inglaterra hasta Londres. Mi cabeza, como de costumbre, estaba hecha un mar de ideas contradictorias.Me había despedido de mi anfitrión, un británico maravilloso que había conocido en dicho viaje y que me había llevado de paseo por la capital y ahora regresaba a ella un soleado lunes de septiembre de 2009...sin él. Nunca antes había viajado en un tren en mi país, ni siquiera atravesado el Atlántico.

Desde entonces Londres se encontraba preparando la casa para albergar los juegos olímpicos, se limpiaban las calles esmeradamente, se arreglaba el metro, la gente entrenaba en los alrededores del río Tamesis, se hacían labores de mantenimiento por doquier. La fiesta aguardaba con años de antelación, dejando atrás los lamentables ataques terroristas de 2005.

El resto de los pasajeros en el tren, mucho mayores que yo, permanecían en silencio. Todos tenían suficiente edad para ser mis abuelos. En mi reproductor de mp3 mis oídos eran acariciados por la oscura voz de Natasha Khan, alias Bat For Lashes, cuyo disco "Two suns" fungía como el soundtrack de mi vida por ese entonces con rolitas como Daniel, Travelling woman, Moon and moon, Two planets, Pearl's dream y la bellísima y romántica Siren Song. Mi canción predilecta de ese año. Natasha también había nacido en Londres, descendiente de padres pakistaníes y había parido ese hermoso, oscuro y onírico disco  unos meses antes. Cada una de sus letras había tenido un impacto particular por mi vida en ese año, especificamente en este viaje a su país.

Antes de llegar a este punto había arribado a otro pueblo llamado Ipswich en el que torpemente me quedé en el vagón cuando el conductor se asomó a mi ventanilla y me indicó que debía bajar justo ahí y hacer un transborde. Desde mi muy lejano Torreón jamás imaginé poner un pie en ese poblado tan remoto y desolado del que nunca había escuchado hablar ni visto en mapa alguno.

Después de dos horas llegué a la concurrida estación London Street, plagada de trenes que arribaban y partían  simultáneamente, de decenas de pasajeros que salían y entraban apurados en plena hora pico vespertina ataviados con traje sastre en su mayoría. No había estado tan sola en mi vida y tampoco tenía idea de como dirigirme hacia mi siguiente destino  New Cross Gate en búsqueda de David, un músico que me hospedaría esa noche para la mañana siguiente dirigirme al aeropuerto de Heathrow y tomar el avión de regreso a México. Aun la recuerdo como una de las mañanas más grises de mi vida.

Cuando recorrí esa última noche en Londres arrastrando una maleta hasta su famoso puente, seguía escuchando a mi nueva heroína musical. Si volviera a ver a mi anfitrión le daría un efusivo y cariñoso abrazo tal como ella lo hace en el video "Daniel"  al personaje Daniel San, de la película Karate Kid a quien fue dedicada implicitamente.

Al volver a México visité Torreón un par de meses después de este viaje. Este tema fue una de las últimas conversaciones que tuve con mi tía Bertha. Estaba orgullosa de mi hazaña. Decía que yo la había merecido. A ella tiempo después la recordaría con la canción The big sleep cantada a duo con el crooner Scott Walker...poco después de ser derrotada por el cáncer de mama. Natasha visitaría México al año siguiente como telonera de Coldplay. No me satisfizo su actuación. Sigo esperando un concierto exclusivo.





















jueves, julio 26, 2012

Ese lugar...

 

Falta unas horas para el "día D"...y desde entonces una parte de mí se quedó en tu ciudad.


Jamás olvidaré que me hiciste pasar uno de los días más felices de toda mi vida, que me hiciste olvidarme por un momento de mi rutina, de los problemas de mi país y hasta de mi idioma y mi cultura; me sentí una persona distinta que nunca más he vuelto a ser...

Yo no lo recuerdo como un sitio húmedo y lluvioso sino con un sol resplandeciente. Mi cabeza estaba hecha un desastre por pasar 36 horas sin dormir, pero mi euforia era tal que terminé por ignorarlo. Recuerdo aquella tarde caminando sobre Picadilly Circus, Westminster, Trafalgar Square y mi euforia la primera vez que atravesamos el puente, recorrimos el río Tamesis, el Underground  y todos esos emblemáticos lugares. Escuchar tu música, a Bat For Lashes y a The Smiths quienes me acompañaron en ese viaje.


Estaba escrito que tú y yo debíamos conocernos, estar juntos y vivir esa experiencia...al menos una vez en la vida.

Y ahora veré tu ciudad todo el tiempo por televisión y recordaré toda esa felicidad que me hiciste vivir...y estaré eternamente agradecida y...nostálgica.


...pero estamos geograficamente lejos y es difícil repetir ese inolvidable fin de semana. Tal vez nunca más volvamos a vernos...

lunes, septiembre 12, 2011

12 de septiembre


Me pregunto si algún día nos volveremos a encontrar...
I wonder if we'll ever met again, someday, somehow...


Foto tomada el 12 de septiembre de 2009.

domingo, agosto 29, 2010

Viajando en tren (notas de una tierra lejana, parte III)

When I run in the dark to a place that's vast
under a sheet of rain in my heart, I dream of home.
Bat For Lashes

Cuando él se despidió de mi nos encontrábamos un lunes por la tarde en una estación de trenes de un pueblito llamado Melton en Suffolk, Inglaterra que me llevaría de regreso a Londres; el día anterior lo había pasado en otro pueblo llamado Shingle Street donde él radica. Nunca antes había tenido la oportunidad de subir a un tren y menos en un país tan lejano como ese.

Los alrededores de la estación no distaban mucho a como se muestra en las películas: casetas de madera con ventanas ovaladas y unas pequeñas tiendas de pan y carne roja muy al estilo inglés. Habían pasado rápidamente los días en que me dispuse a tomar de forma casi intempestiva un avión para conocerlo en persona a como diera lugar, más no teníamos idea de cuando nos veríamos de nuevo ¿tendríamos que esperar meses, años o...acaso nunca? El viaje había superado mis expectativas; sentí como se me formaba un nudo en la garganta y por un momento tuve ganas de llorar, él permanecía serio, aguárdabamos la llegada del tren que nos separaría. Nos dimos un abrazo, un beso y le di las gracias, me ayudó a subir mi pesada maleta y vi por las ventanillas como su figura se alejaba.

Ya a bordo pagué un boleto de 32 libras por un viaje de dos horas; la mayoría de los pasajeros eran casi ancianos y no hablaban entre sí. Durante el trayecto observaba los paisajes verdes y en mis oídos sonaba la voz de Bat For Lashes; hice escala en otro pueblo llamado Ipswich donde por poco y me quedo dentro del vagón, y estando ahí fue donde me dije a mi misma: "¿Cómo chingados se me ocurrió llegar hasta esta parte del mundo yo sola?" Todo era quietud en los alrededores y las pocas personas a la espera permanecían en silencio. Diez minutos después abordé el siguiente tren que me llevaría a "Liverpool Street Station" de Londres donde no podía dejar de pensar en él y sus atenciones, las charlas, los momentos vividos juntos y los paseos por esa imponente ciudad que ahora recorrería sola...y ahí fue donde percibí las horas pico inglesas y a los trabajadores con sus trajes de buen vestir, la premura de la tarde y el sentimiento de "¿Y ahora cómo me muevo de este sitio?"

Cuando finalmente llegué a mi destino, escuchaba en mi reproductor de mp3 "How soon is now?" de The Smiths con la diferencia en que yo no había llegado a Manchester de donde son originarios, sino a la capital del país. Debía volver pronto a México con sus alegrías y sus pesares donde aguardaba una fiesta de 15 de septiembre de la que no me interesaba ser partícipe ese año. El fugaz sueño había terminado, pero mi anfitrión ya se había ganado un lugar especial en los anales de mi historia personal.

Esta es una de las rolas que escuchaba, y como dice la letra yo también supe que había una llama en su corazón la primera vez que lo vi.

Discurso de Jaime López para presentar el libro "Crónica Biciteka" de Georgina Hidalgo. (Producciones El Salario del Miedo, 2021.) Lugar: Fonda El Convite. Fecha: 20 de octubre de 2021.

              ACERCA DE LA CRÓNICA BICITEKA DE GEORGINA HIDALGO VIVAS                                                                     ...