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domingo, febrero 09, 2014

Beatlemanía en México


Se ha dicho todo de ellos. ¿Qué podría ser relevante en una fecha como ésta y que no se haya mencionado con anterioridad? Este 9 de febrero de 2014 se cumple medio siglo de que el continente americano sufrió una nueva conquista más allá de la que se habla en los libros de historia: la conquista de un gusto musical impulsado por Los Beatles.
Ed Sullivan los presentó por primera vez en la televisión, de donde surgiría un fervor redituado por las siguientes generaciones en millones de dólares, mientras que muchas otras bandas afines y contemporáneas han quedado relegadas. No hay oferta sin demanda y la prueba en México es el más reciente concierto de Paul McCartney, cuyos boletos cotizados en 12 mil pesos, y otros paquetes que incluían asistir al soundcheck valorados en más de 20 mil, resultaron insuficientes. Y todo para que al final el músico terminara ofreciendo una presentación gratuita en el Zócalo capitalino, donde acudieron muchos incapaces de costearse una entrada a precios sobrevaluados. Fue como si las autoridades del DF tuvieran una deuda que saldar con los seguidores del grupo tras la prohibición de quien fuera entonces regente, Ernesto P. Uruchurtu, de permitir un concierto del cuarteto allá en 1965.
En la actualidad, los fanáticos defeños pueden saciar su hambre beatlemaniaca acudiendo al Tianguis Cultural del Chopo, bares que aún tocan sus éxitos con grupos en vivo o tiendas especializadas como Abbey Rock en la colonia Condesa, donde también se imparten clases de música.


Ricardo Calderón, gerente y propietario, ha reunido una colección de discos y objetos adquiridos a lo largo de 40 años en extintas tiendas del barrio de La Merced y otras como Hip 70. Su tienda surgió tras acumular varias cosas repetidas, por lo cual decidiera ponerlas a la venta. Él ha conocido de cerca esa idolatría: "Sé de mucha gente loca, otros que han sido capaces de dejar a un pariente enfermo por salir a buscar a Paul Mc Cartney. Cuando vino en 2002 yo aquí me quedé, algunos de ellos sí fueron, dejaron de ir a trabajar y rentaron una habitación en el hotel donde él estuvo y no lograron nada. Tengo amigos con colecciones muy buenas, 10 veces más caras que la mía, pero no se las enseñan a nadie, ni a su madre. No son coleccionistas, son inversionistas. Yo prefiero que las cosas me caigan del cielo como ha sido hasta ahora".
En su local, los objetos más buscados son los llaveros, playeras, pins, fotografías y, lo menos, los libros que incluso algunos férreos seguidores se resisten a leer. En uno de los recovecos de Abbey Rock puede apreciarse el rarísimo disco Yesterday and today, de 1966, con la imagen censurada en la que posaron como unos carniceros. Una controversia por aquellos años que lo hizo volverse un objeto de colección, pero no de culto, porque, por extraño que parezca, esta portada que pudiera ser uno de los fetiches más atractivos no se vende bien.
En otras situaciones, algunos fanáticos se han enfrentado a momentos adversos o poco racionales, traducidos en obstinación. En el caso de quien escribe estas líneas, acudió una noche lluviosa a un lujoso hotel del Paseo de la Reforma donde se hospedó Paul Mc Cartney en 2012; un admirador mencionó que no le importaba esperar hasta las once y media de la noche con tal de que saliera, "aunque tuviera que tomar el último camión hasta el Ajusco". Eran más de las 10 de la noche y no había atisbo alguno del ex Beatle. A su concierto en el Zócalo acudieron por igual niños, ancianos, familias enteras, gente que viajó de otras partes de la República para instalarse en primera fila desde la mañana. Ese día retumbó una fuerte deserción laboral en la metrópoli, y no precisamente porque fuera Día de las Madres.
De igual forma, Calderón sabe de individuos cuya ambición por poseer objetos únicos e inusuales sobrepasa a su cartera, solo por el afán de ostentar piezas únicas, incluso rayando en el fetichismo. Un caso son los discos de vinilo autografiados, muchos de los cuales no son más que fraudes. Un acaudalado amigo suyo obtuvo una edición del Imagine de John Lennon por tres mil dólares y otra del Cloud Nine de George Harrison al mismo precio. "Son caros, pero en realidad muy baratos en comparación a otros; El Sargento Pimienta autografiado puede alcanzar de 50 mil a 200 mil dólares y es casi imposible de conseguir". Además, la inmediatez con la que sus contactos proveen de estos discos vuelve aún más sospechosa su autenticidad. El que representa una rareza extrema es el Abbey Road, del que según sus palabras solo se conocen seis ejemplares en todo el mundo con la firma de los cuatro integrantes. Algo que jamás logró conseguir Calderón es un autógrafo de John Lennon ex profeso para él, aunque conserva un par sin una dedicatoria implícita. "Yo tengo muchas cosas y si me falta algo no me quita el sueño, pero hay muchos otros amigos a los que sí".

Relata que entabló amistad con el músico Tony Sheridan, cercano colaborador de Los Beatles, a quien invitó a México en tres ocasiones para ofrecer conciertos. Él deseaba conocer el país y otro tipo de público diferente al de Europa o Estados Unidos, pero su fuerte temperamento e intensa manera de tocar le provocó dificultades para congeniar con músicos que comprendieran su estilo. Uno de los recomendados por su anfitrión fue el baterista Jaime Sosa, de la banda de covers Morsa, sin ser estrella pero con suficiente experiencia profesional, con quien Tony quedó satisfecho. En su paso por Hamburgo, Alemania, ni Ringo Starr fue capaz de seguirle el ritmo a Sheridan, por muy disciplinado que fuera, pues necesitaba alguien quien supiera improvisar. "En México tuvo otros músicos y no le gustaron. Él tocaba muy raro y había que ir a su nivel", explica Sosa. Durante un ensayo en Puebla enfureció con su banda provisional mexicana a falta de afinidad, hasta que Ricardo Calderón le trajera de vuelta a Morsa. Así Sheridan recorrió otras ciudades como Querétaro y Monterrey donde sufrió las informalidades de unos organizadores que lo defraudaron, y solo gracias a la intermediación de Ricardo se lograron cubrir algunos pagos. Finalmente Sheridan murió el 16 febrero de 2013, en la misma ciudad alemana de Hamburgo, donde germinó su contribución al cuarteto de Liverpool.
Esta especie de cofradía beatlemaniaca tiene otro importante miembro en el locutor de radio Manuel Guerrero, cuya historia personal es más benévola. En 1972 fue el primer niño ganador del programa de concurso El gran premio de los 64 mil pesos. Por ese entonces, y en asociación con Discos Capitol, le obsequiaron un viaje a Los Ángeles donde tuvo la oportunidad de hablar por teléfono, mediante los estudios Apple, con John Lennon y Yoko Ono quienes le enviaron a su domicilio discos autografiados. Su pasión le llevó a buscar a Ringo Starr a Durango en 1980, mientras se encontraba en la filmación de la película El Cavernícola, a George Martin en un hotel de la Ciudad de México, e intentó conocer a George Harrison en su casa de Londres, aunque sin éxito en esta última hazaña. No obstante, su suerte con McCartney fue otra, puesto que el ex Beatle le concedió una entrevista exclusiva en 2002. Manuel conduce desde hace 20 años un programa de radio dedicado a ellos, mismo que hasta la fecha sigue al aire por la estación Universal Stereo.


En ocasión de un viaje a Inglaterra, los británicos le expresaron su sorpresa por un programa de esta categoría en nuestro país; dos emisiones al día era demasiado para ellos. "Me dijeron que estábamos locos, pero ellos los tuvieron de primera mano mientras que en América Latina no". Actualmente, Manuel Guerrero imparte un curso sabatino sobre historia inglesa y del argot utilizado en Liverpool, en la Academia Morsa, ubicada en el interior de Abbey Rock. Los estudiantes varían en rango de edades y acuden por igual niños que adultos mayores; ahí los pequeños se animan más a formar sus propias e incipientes bandas de rock practicando con canciones de Los Beatles. Incluso, existen grupos solo de niñas, como La Strawberry Band.
El cuarteto inglés sigue gozando de popularidad sin fecha de caducidad gracias a sus estrafalarios fans; su devoción no tiene límites. No importa que otros contemporáneos no hayan recibido la misma atención como Los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Deep Purple o Traffic. El solo nombre es sinónimo de fama y fortuna. Esperemo

viernes, enero 17, 2014

Una noche de perros


Publicado el 12 de enero de 2014 en Milenio Dominical

http://www.pressdisplay.com/staging/timesonline/es/viewer.aspx

La tradición inglesa de las carreras de galgos se mantiene en esta zona londinense a pesar de los consorcios inmobiliarios y financieros, que buscan mayor rentabilidad y presionan para demoler los galgódromos y construir modernos edificios departamentales y centros comerciales.
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Londres
Inglaterra es una tierra propicia para los galgos, más allá de su faceta doméstica o de la simple moda hipster de pasear con ellos por la calle, representan una industria y una tradición antiguas: las carreras, donde además se obtienen fuertes sumas de dinero —aunque en la actualidad algunos de los estadios donde se llevan a cabo tienen una vida incierta.
Una liebre mecánica se desliza a toda velocidad y los canes la persiguen como si se tratase de una chuleta en movimiento. Los eufóricos ingleses claman y celebran. El dinero apostado, las esperanzas y sueños, se disuelven muchas veces en alcohol.
En México hubo pocas pistas, entre ellas las de Tijuana y Ciudad Juárez.

Al sur de Londres aún queda uno de los espacios para estas competencias de perros, deporte clásico en Inglaterra e inusual en México, donde solo han existido unos cuantos galgódromos, entre ellos el de Tijuana, perteneciente al consorcio Caliente, propiedad de Jorge Hank Rhon, y otro en Ciudad Juárez.
Estas carreras representan un gran negocio en Gran Bretaña, pero a diferencia de lo que ocurría en el siglo XX, ya no es uno de sus máximos entretenimientos. Cada año generan una derrama económica de millones de libras esterlinas, según el sitio de internet del Greyhound Board of Great Britain (GBGB), organización encargada de controlarlas y supervisar a los entrenadores, el trato a los animales, aplicarles el antidoping y administrar el dinero en juego. (También existen otras carreras llamadas flappings que se manejan de manera independiente y no están sujetas a lineamientos tan rigurosos; sus cifras son desconocidas, ya que su único organismo regulatorio son los gobiernos locales).
Lo espectacular de estas carreras genera atractivas fotografías, entre ellas la de la célebre portada del disco Parklife, de Blur (1994), que mostraba una competencia en el desaparecido estadio londinense Walthamastow —el más importante de su época, demolido en 2008 y transformado en zona residencial.
Inglaterra cuenta con 25 estadios registrados y nueve llamados independientes para carreras de galgos. A pesar de que estas justas surgieron desde el siglo XVIII, no se popularizaron sino hasta los años veinte en Estados Unidos. En 1926, el empresario estadunidense Charles Munn buscó abrirles espacio comercial en Inglaterra con la construcción del primer estadio en Manchester, llamado Belle Vue, que hasta la fecha se mantiene en actividad. Asociado a otros hombres de negocios, Munn creó la Greyhound Racing Association (GRA), una empresa privada que opera espacios como el Wimbledon Greyhound Stadium.
Los galgos de carreras recorren una distancia de entre 210 y mil 100 metros, en pistas ovaladas o circulares, persiguiendo una liebre mecánica.

Para las carreras, a los perros se les mantiene en vigilancia para evitar que sean drogados y obtengan ventaja desleal sobre sus competidores. Según el último reporte antidoping emitido por la GBGB en marzo de 2010, solo 0.52 por ciento resultó positivo por uso de estimulantes, un porcentaje muy bajo que habla de la severidad de los encargados de supervisar la limpieza de las competiciones.
En Wimbledon, al sureste de Londres, se encuentra uno de los estadios para carreras de galgos más antiguos de esta ciudad. Se ha mantenido activo desde 1928, pero ahora se encuentra en la mira de los especuladores inmobiliarios, quienes pretenden demolerlo para construir un enorme complejo comercial y lujosos departamentos.
Ruinoso, deteriorado por el tiempo y la incuria, este estadio podría terminar como el de Walthamastow, pero algunos ciudadanos han promovido una campaña de rescate y renovación; se ha buscado apoyo por internet y enviado misivas tanto al actual alcalde Boris Johnson, a la House of Commons y la House of Lords, para impedir su destrucción, que de llevarse a cabo podría afectar no solo a la industria local sino a la del resto del Reino Unido.
En Wimbledon, zona fecunda en deportes, se realizan de forma frecuente competencias caninas, aunque es más conocida en el mundo por sus campeonatos de tenis, partidos de futbol y carreras de autos. Poblada por familias británicas e irlandesas conservadoras de clase alta, sus alrededores son cercados por bosques frondosos como Richmond Park, y la humedad propicia un ambiente frío. Los autobuses circulan de manera esporádica y las líneas de tren y underground (Metro) son limitadas debido a que es común el uso del automóvil entre sus residentes. Aquí se encuentra el estadio; su situación es precaria y, por lo mismo, se encuentra en la mira de los inversionistas que buscan espacios para construir edificios modernos y rentables.
El costo de la entrada al Wimbledon Greyhound Stadium es de cinco libras esterlinas. No obstante, al pagar se incrementa a siete, ya que el precio fijo solo se aplica cuando “se reserva con anticipación” por internet. El cobro extra no es impedimento. En sus instalaciones abunda un olor a antigüedad, a lo que no ha sido renovado. El descuido es evidente y la luz escasa. Con la esperanza de atraer clientela en temporada navideña se ofrecen paquetes y combos que incluyen elcover, la comida y otros servicios. Es sábado por la noche y los jóvenes que todavía encuentran interés en acudir al estadio llegan ataviados con ropa de fiesta, las mujeres de tacones altos, prendas de marca y maquillaje esmerado. La moda es evidente en cada rincón. En una de las salas se exhiben los galgos sujetados por sus entrenadores. Briosos y raudos en la pista y dóciles a una corta distancia. Está permitido tocarlos y acariciarlos bajo una cooperación voluntaria.
La carrera está por comenzar. Algunas familias se reúnen tras un ventanal que las separa de la pista, donde pueden ver sus apuestas que van desde 5 libras esterlinas como mínimo hasta cientos o miles, según su consideración y presupuesto. La cocina donde se preparan fritangas expele un olor grasiento. Para los niños se trata de un espectáculo con animales mientras sus padres los exhortan a seguirlos con atención y seriedad. Solo los muchachos salen a las gradas, cerveza en mano durante la fría noche, para apreciar las enormes dimensiones del lugar que antaño lucía abarrotado y hoy ni siquiera se ocupa a la mitad, una estampa semi vacía de ocho mil asientos. Esto alguna vez fue una gran fiesta.
Suena la alarma y una fugaz y vertiginosa competencia levanta pasiones. La velocidad a la que corren los canes es tan intensa que semejan volar y se vuelven manchas oscuras. No hay tiempo de captar una fotografía para redes sociales, los flashes están prohibidos. No ha transcurrido ni un minuto y los galgos con nombres excéntricos como Blue AnnaNeon LillyFine Lopez o Halls of chile corren persiguiendo la liebre mecánica como si en ello les fuera la vida. “Go, go, go!”, gritan los niños tras el ventanal y se contagian de la euforia mientras que para los adultos representa una angustia y la oportunidad de crear una fortuna inmediata… o caer en la bancarrota. Entre el gozo y la decepción, los apostadores celebran o lamentan la llegada a la meta. Los perros siguientes aguardan su turno y son colocados para la nueva carrera. El ciclo se repite con deseos de seguir jugando y bebiendo hasta terminar descapitalizados… o borrachos.
El estadio de Wimbledon conserva su tradición canina y se niega a convertirse en un recuerdo hecho añicos. Las carreras buscan continuar como diversión para las grandes expectativas monetarias y los bolsillos desfalcados hasta que nuevas actividades lleguen y suplanten a las de antaño. Mientras tanto, los galgos no dejarán de perseguir al conejo mecánico.
El galgo más exitoso ha sido la perra Stepaside Glenis, que en el último lustro lleva 20 triunfos en 38 carreras, de acuerdo al sitio greyhound-data.com

sábado, enero 04, 2014

Cinco años en Milenio



A veces es más difícil mantenerse que llegar. Este día cumplo 5 años de que comencé a colaborar en Milenio. Creo que he hecho por igual textos brillantes y simples pendejadas. Sin embargo, me siento muy contenta por seguir plasmando mi plumilla, recibir dinero por ello y conocer gente interesante. Ha sido una gran experiencia escribir para "Mil cosas más" y el suplemento dominical y así quiero seguir por mucho tiempo más.

Otra lista de personas a agradecer:

Jairo Calixto Albarrán
Juan Alberto Vázquez
José Luis Martínez
Oscar Ocampo
Pablo Pérez Cano
Tacho
Rafael Tonatiuh
Veronica Maza
Alicia Quiñones
Victor Hugo Gutiérrez
Guadalupe Ocampo
Ricardo Maraveles
Adolfo Díaz
Blumpi

martes, diciembre 31, 2013

El verdadero museo de Antropología


Entre la historia y los prejuicios alrededor de la colonia capitalina Doctores, se asoma un santuario a la infancia donde pululan el polvo y la nostalgia que resguarda 45 mil piezas lúdicas. Su director, Roberto Shimizu y su familia se han encargado de recolectarlas para instaurar el Museo del Juguete Antiguo México (Mujam).
“La clase dominante cree que hasta un candelabro vale mucho. Aquí hay juguetes que valen un dineral y vienen ellos aquí y te tratan de pendejear. Vale más un juguete que el pinche carro que traen aunque sea un Mercedes”. Roberto Shimizu defiende su vasto repertorio como si se tratase de miembros de su familia. Desde los diez años de edad ha mantenido el hábito de conservar los objetos que lo hacían feliz siendo niño. Tiempo después, el apego y el acumulo le hicieron abrir un espacio dedicado a ellos en 2008 sobre la calle Doctor Olvera No. 15, en el que su hijo mayor Roberto apoya de promoviendo otras actividades culturales y artísticas que se ofrecen.
UNA HISTORIA DESDE EL ORIENTE
Hijo de migrantes japoneses, sus padres viajaron desde Tokio a Manzanillo para después instalarse en Guadalajara y posteriormente en Mazatlán donde su madre Sizuka no soportó el clima que los llevó a mudarse a la capital en 1940. Por esa década abrieron una tienda y en los 60 se erigió el edificio que hoy alberga al museo. Aquí pasó la mayor parte de su vida y hasta hace siete años padeció una enfermedad grave lo que provocó que  Shimizu decidiera, en caso de fallecer, encomendarle a sus hijos la tarea de preservar y compartir su colección al público en un espacio independiente y alternativo en el barrio popular donde se crió. Desafiando así los cánones culturales defeños en que los museos se establecen para la élite en zonas específicas como Coyoacán, Polanco o el centro histórico, el Mujam es el único recinto de esta categoría entre el circuito centro-oriente de las colonias Obrera-Buenos Aires-Algarín.
“Nosotros estamos fuera de esos ejes, es como muy audaz, pero la gente se siente muy a gusto aquí. Yo soy el único que tiene cosas del siglo XX, del siglo de oro. Este no es el México de aztecas, ni de la colonia, ni de mexicanos explotando a mexicanos, fuera de eso y la revolución ya viene un México con un sentimiento de nacionalismo”. La diferencia entre su acervo y el del Museo del Estanquillo de Carlos Monsiváis es que éste comenzó a adquirirlo a una edad madura y con un capital logrado gracias a su estatus de intelectual, mientras que él guardó sus pertenencias desde la niñez. El Museo del Objeto (Modo) de la colonia Roma tiene un propósito similar, pero según Shimizu, su director Bruno Newman lo define de otra forma: “Él me ha dicho: ‘yo colecciono, pero el cabrón de todo esto es Roberto’”.
Como agradecimiento a la hospitalidad mexicana intentan devolver el favor mediante sus piezas mostradas a través de seis salas y tres permanentes que proyectan su cultura popular e imagen iconográfica: muñecas, estampillas, pelotas, playeras deportivas, máscaras de luchadores, boletos de cine, carritos de golosinas de la Feria de Chapultepec y hasta parte de la escenografía que decoraba las paredes de un antiguo cabaret.  Los muñecos inspiran por igual ternura y miedo y parecen observar detenidamente a quienes los visitan. No se trata de un museo con piezas prehispánicas bajo una museografía estricta y catalogada; su valor radica en lo que los juguetes representaron en la infancia y la forma en que fueron utilizadas. “Nosotros no coleccionamos juguetes con mala vibra. Los más caros son los que están en cajas, envueltos, pero los más valiosos son los que fueron jugados, los impregnados de esa energía positiva. Creemos mucho en eso”. Menciona su hijo Roberto de 29 años.
Obsesión o acopio excesivo, Shimizu y su familia se surten de cachivaches recorriendo el Distrito Federal y de otras partes de la república y del extranjero y de esta manera han conformado su repertorio. La zona del Bajío y Puebla han sido las más fecundas en sus búsquedas, en el norte hay escasez. “Yo creo que él y su mamá son los únicos que conocen los 31 estados bien caminados. Cada juguete tiene una historia de cómo lo compramos y se volvió una actividad familiar, de viajes a Estados Unidos o a Japón. Íbamos con la camioneta vacía y regresábamos llenos de chácharas”. No deja de respirarse cierto aire de excentricidad en el deseo de obtener juguetesad infinitum.
Sin recursos públicos o apoyos institucionales exiguos, el Mujam requiere patrocinios de gente desinteresada que no sólo busque hacer negocio y recuperar lo invertido. Gracias a algunos de estos han ampliado sus instalaciones y colocado una pequeña biblioteca, pero requieren de mayor vigilancia ya que han sufrido robos. En su bodega se guardan más juguetes a la espera de ser exhibidos, pero el limitado espacio y las condiciones precarias no son propicias para colocar los restantes.
“EL ÚNICO QUE SABE  DE ESTAS COSAS SOY YO”
“Nos han ofrecido comprar parte de la colección como los luchadores. Incluso me han ofrecido comprarme  la colección entera, pero para mí sería como vender un hijo. ¿Tú lo harías? —me pregunta—. Si lo hacen no van a saber que van a saber con todo esto. El único que sabe de estas cosas soy yo y también me han dicho que tengo puras baratijas”. Vehemente en sus convicciones, Shimizu ha recibido propuestas de mudarse inclusive a colonias como Polanco a un costado del Museo Soumaya, pero él insiste en permanecer en su sector primigenio protegiendo su esencia. En la actualidad reside en las Lomas de Chapultepec, pero su origen personal se conserva en el barrio donde surgieron por igual hospitales, cabarets históricos, refaccionarias y un estereotipo delincuencial. “Si me quieren ayudar que sea desde aquí”.
Roberto Shimizu hijo también se involucra en actividades de arte urbano donde han procurado que el grafiti sea una manifestación cultural y no vandálica. Algunos artistas callejeros han sido invitados a plasmar sus dibujos en los muros del museo y sus anexos. Explica: “Hay quienes nos dicen que éste debería ser el verdadero museo de antropología; lo prehispánico lo ves como algo lejano. Sí está padre ver ahí a la Coyolhauxqui, pero aquí la gente se llena de lágrimas. Ambos están creados por manos mexicanas y al final son igual de validos porque son de la misma industria mexicana”.
Walter Benjamin decía que los coleccionistas son los verdaderos historiadores debido a la tradición que contienen sus pertenencias. ¿Cuántos más de estos existirán en México que posean objetos dignos de ser admirados y remitan a episodios históricos o épocas otrora felices como la infancia? Quizá se requiera de una situación determinante para darlos a conocer o simple generosidad como el caso de la familia Shimizu. Mientras tanto, el Museo del Juguete Antiguo prefiere mantenerse in situ en la colonia Doctores y su dueño defiende su patrimonio lúdico como sus raíces mexicanas y niponas: “Aquí es mi vida y aquí estamos felices”.
Miriam Canales@miricaiba


Discurso de Jaime López para presentar el libro "Crónica Biciteka" de Georgina Hidalgo. (Producciones El Salario del Miedo, 2021.) Lugar: Fonda El Convite. Fecha: 20 de octubre de 2021.

              ACERCA DE LA CRÓNICA BICITEKA DE GEORGINA HIDALGO VIVAS                                                                     ...