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domingo, octubre 20, 2013

Nueva colaboración en Replicante (octubre 2013)

CORONA CAPITAL: MÚSICA Y AMBICIONES

Nuestro Coachella...

En cuarenta años se pasó de la prohibición de Avándaro al hipsterismo del Corona, el festival donde se huele más perfume caro que marihuana y donde la vanidad, la moda y la imagen de los asistentes importan tanto —o más— que las mismas bandas.
Moroder en el Corona Capital. Foto cortesía RMX.
Moroder en el Corona Capital. Foto cortesía RMX.
Festivales han ido y venido con diferentes sedes y patrocinadores. Quedaron en el pasado otros como el Manifest, Motorockr y el MxBeat que tuvieron un buen comienzo, pero por falta de presupuesto, de asistencia o de permisos fueron cancelados. Lo que ha logrado el Corona es transformar a la capital chilanga en una juerga de fin de semana que busca cimentarse con fiestas en bares del Centro Histórico y la zona Roma-Condesa desde el jueves y viernes previos y conciertos posteriores. Sólo para hígados, tímpanos y bolsillos resistentes. Si se le colocara un tapanco probablemente sería el antro de moda más extenso de la actualidad capitalina.
Un gran acierto del Corona Capital es haber reunido a grupos ya desintegrados, o que nunca habían tocado en México, como OMD, Suede, The Pixies, Echo and the Bunnymen, New Order, Portishead, y cobrar una cantidad razonable por entrar. Aunque en un lapso de tres años ésta se ha incrementado —en 2010 resultaba una ganga pagar 650 pesos, a diferencia de los 900 de la actualidad… más recargos—, cada banda tendría un costo aproximado de treinta pesos cada una.
Un gran acierto del Corona Capital es haber reunido a grupos ya desintegrados, o que nunca habían tocado en México, como OMD, Suede, The Pixies, Echo and the Bunnymen, New Order, Portishead, y cobrar una cantidad razonable por entrar.
Desde entonces también ha variado su duración, que se ha extendido a dos días, y no sería de sorprender que en 2014 abarque un fin de semana completo desde el viernes. Tal estrategia comercial se ha aplicado también en el Vive Latino, donde la “esencia” hispana ha ido a la baja al integrar a más extranjeros comoheadliners. La rivalidad se vuelve más feroz, ¡perfecto!, que haya competencia entre las principales cerveceras con tal de que ofrezcan conciertos de calidad, a diferencia de los ochenta y sus absurdas restricciones para los conciertos de rock. ¿Acaso no fueron sueños guajiros escuchar en México durante su apogeo canciones como “Blue Monday”, “Enola Gay” o “Where is my Mind?”
Miley Miley... Foto Miriam Canales.
Miley Miley… Foto Miriam Canales.
A diferencia del Vive Latino, en el Corona no se entrometen cantantes cursis como Carla Morrison ni híbridos forzados como Los Ángeles Azules y su padrino Camilo Lara con su proyecto IMS —¡todavía no!, aunque ahora pretenden alternar con orquesta, para “experimentar” y promover la “tolerancia musical”, así que vayan preparándose—. Ninguno de esos dos festivales estuvo exento de cancelaciones y este año se retractaron Conor Oberst y Death Grips; el dj español John Talabot tuvo miedo de la inseguridad mexicana —no lo culpamos— tras el secuestro virtual de la banda vasca Delorean, de cuya inocencia muchos quedaron sorprendidos por haber caído en la trampa de unos maleantes. Al final nadie extrañó la presencia de Fun y su one hit wonder: “We are young” (de todos modos ¿cómo se les ocurrió programarlos antes de Sigur Rós?) ni a Squarepusher después de bailar con un anciano Giorgio Moroder ya semi-retirado que nunca había hecho dj sets y al que los hipsters adolescentes conocieron gracias a Daft Punk. Muy orondo, presumió su esmerado acento castellano junto a su esposa Francisca, de origen jalisciense. El beso voyeurista a la mexicana fue aclamado por la multitud. “My name is Giovanni Giorgio, but everybody calls me Giorgio”. Una frase para la posteridad, sin duda.
Sigur Rós regresó a México después de un lustro; se borró el amargo recuerdo del catastrófico festival Colmena allá en junio de 2008 en Tepoztlán. La pésima organización de la empresa de bajo rango Dos Abejas no supo prevenir las consecuencias y, cual coitus interruptus, se suspendió la presentación de manera vergonzosa a los 45 minutos pues el baterista Orri Pall Dyrasson tuvo un problema de salud en el escenario. Lo peor ocurrió al tratar de controlar a la multitud que se dispersó a oscuras sobre una terracería estrecha insegura y alejada del transporte auspiciado por el mismo festival. Quizá un hoyo fonky hubiera sido menos peligroso. “¡Vuelve Ocesa!”, gritaron algunos asistentes en ese entonces. De esa forma les dieron una lección sobre quién es el amo y señor de los conciertos masivos en México.
Mexican Borat. Foto Miriam Canales.
Mexican Borat. Foto Miriam Canales.
Soporífera y extraña para algunos, la música de Jonsi y compañía está en otro nivel y lo cierto es que Sigur Ros tiene un lugar en el corazón de los que no hablamos ni una palabra en islandés o de ese idioma inventado.
“Ojalá fuera 1979”. Algunos hubiesen deseado ver a Deborah Harry en su faceta joven y sensual con Blondie. A sus casi setenta años, la dama del new wave demostró que aún le queda vigor sobre el escenario, pero no es la misma cachondería desbordante ni la misma piel lozana ni la voz potente de aquellos tiempos en Nueva York, a diferencia de talentos más frescos y prometedores como la canadiense Grimes o M.I.A. —hoy con sello de Madonna—, que se presentó con su deleitante suciedad. La gran falla del festival fue un sonido estridente y de mala calidad en el estrecho escenario Bizco Club. Crystal Method no resultó tan impactante en medio de una audiencia escasa. The XX, con muy hábiles instrumentistas aunque una presencia monótona por momentos.
A sus casi setenta años, la dama del new wave demostró que aún le queda vigor sobre el escenario, pero no es la misma cachondería desbordante ni la misma piel lozana ni la voz potente de aquellos tiempos en Nueva York, a diferencia de talentos más frescos y prometedores como la canadiense Grimes o M.I.A., que se presentó con su deleitante suciedad.
No faltaron los que en medio de la marabunta mostraron su excentricidad, como un exhibicionista que se paseaba en traje de baño al estilo de Borat mientras tocaba Travis o un meme de la infame Miley Cyrus, más decenas de escotes, shorts y minifaldas en medio de cien atronadores decibeles en cada escenario. Otros alegaban que el cartel del año pasado había sido mejor.
Al final muchos más quedaron satisfechos: los posers que buscaban la fotografía en medios y redes sociales a toda costa, los que fumaban marihuana y bebían hasta vomitar, el negocio de las cervezas a noventa pesos y los que terminaron lanzándolas sobre cabezas desprevenidas; los aventurados que emprendieron un viaje desde otras ciudades y volvieron con resaca musical. Nuestro “Coachella a la mexicana” aún se mantiene potente. ®

jueves, octubre 18, 2012

Ecos del Corona Capital

Nueva colaboración en Replicante

Claroscuro de un festival

Este año la cartelera del Corona Capital estuvo encabezada por New Order, los sobrevivientes de Joy Division. El Autódromo Hermanos Rodríguez albergó a miles de personas que regresaron a casa con un sabor agridulce en la boca.

Un año más las empresas cerveceras se disputan el trono por organizar el festival más polémico, llenar más estadios, vender más líquido y traer a las mejores bandas del momento, como un pequeño Coachella o Lollapalooza. Esta vez el Corona Capital logró la hazaña de juntar a casi toda la alineación original de New Order y convencerlos de tocar en México, como lo hicieron con Portishead el año pasado y The Pixies en su primera edición en 2010. La curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez recibió por igual a grandes melómanos —y simples posers— el 13 y 14 de octubre.
Tachado de estilo hipster y hasta pretencioso, su principal inconveniente fue el incremento de precios para cubrir los dos días de festival y los excesivos cargos que hay que retribuir al “amo de los boletos”. Peor aún con los revendedores que cotizaban las entradas individuales hasta en 1,200 pesos para aquellos que no alcanzaron a comprar en la taquilla o extraviaron o rompieron su boleto por accidente.
Desde el sábado por la tarde se pronosticaba una lluvia que nunca cayó, aunque crecía la expectativa por volver a ver juntos a otras bandas ya separadas, como los ingleses de Suede, que con rolas como “Trash” encendieron los ánimos, ondearon las banderas británicas entre el público y después se imperó la flojera total; los suecos de The Hives derrocharon carisma ataviados de fracs. Su vocalista Howlin’ Pelle Almqvist expresó su entusiasmo en todo momento con un esmerado acento español y una enorme concurrencia nunca antes vista en sus presentaciones anteriores. The Kills hicieron lo suyo como uno de los grupos de moda, con la rubia presencia de Alison Mosshart. León Larregui, acompañado de Adanowsky en la guitarra, tocaron al atardecer como si estuvieran en la cochera de su casa. La aburrición total.
No faltaron los que quisieron sentirse mexicanos por una hora, como Cat Power, que exageró su vestimenta con sarape de Saltillo, escudo nacional y un look de rubia platinada estilo Ely Guerra. Lo peor fue que prescindió de varios de sus éxitos, como “The Greatest”. Craso error y oso mil. Basement Jaxx hizo esperar a su público casi cuarenta minutos para ofrecer un espectáculo de medianoche con cantantes negras disfrazadas de marineras, guitarras, congas y hasta delfines inflables para entretener a sus desvelados seguidores.
Al día siguiente, The Drums y The Raveonettes actuaron frente a un público diferente, acostumbrados a verlos en escenarios más pequeños o como teloneros de bandas como Depeche Mode. Una tarde plagada de música, tabaco, marihuana, sudor, papas fritas de 35 pesos y muchos litros de cerveza de 80, dieron sabor al domingo.
Tachado de estilo hipster y hasta pretencioso, su inconveniente fue el incremento de precios para cubrir los dos días de festival y los excesivos cargos que hay que retribuir al “amo de los boletos”. Peor aún con los revendedores que cotizaban las entradas individuales hasta en 1,200 pesos para aquellos que no alcanzaron a comprar en la taquilla o extraviaron o rompieron su boleto por accidente.
Sin embargo, la mentada de madre de este año se la llevaron los programadores, que tuvieron la ocurrencia de empalmar a los ex Joy Division con Florence + The Machine. Ambos tocaban el domingo a las 9 p.m. con sólo diez minutos de diferencia. Corría el riesgo de presenciar la que probablemente sería la única visita de los pioneros del synthpop a México y perderse a la flor más bella de Inglaterra en su también primer concierto, y viceversa, así que como coitus interruptus muchos abandonaron a alguno de ellos a medio show para apurarse a ver al otro, del escenario “Light” al “Capital”, o encontrarse a mitad de camino con la atractiva presencia de Modeselector en el “Bizco club”.
Treinta años después, y muchos kilos y arrugas de más —pero con mucha energía y vigor— entraron en escena Bernard Sumner, Gillian Gilbert, Stephen Morris y el bajista Tom Chapman, quien sustituyó a Peter Hook, para tocar los primeros acordes de “Crystal”. “¡Bailen cabrones! ¡Si no se la saben no mamen!”, gritaban eufóricos algunos asistentes cuando se escuchó “Bizarre Love Triangle” en la presentación estelar de New Order.
“Blue Monday”, una de esas rolas tan veneradas como choteadas y hasta usadas para hacer aerobics matutinos, sonó como una de las cartas fuertes de esa noche de lágrimas nostálgicas y pies ampollados. Su vocalista, Bernard Sumner, se contagió del ambiente y hasta intentó moverse al ritmo de su propia música. Bailar no es lo suyo. Gillian Gilbert permaneció seria e inmersa en sus teclados. El gran ausente fue Peter Hook, separado de sus compañeros y avocado a otros proyectos como solista y disc jockey. Tan sólo el año pasado había actuado en México presentando el disco Unknown Pleasures durante sus días de gloria junto a Joy Division y su finado compañero Ian Curtis. “¡Chinga tu madre, pinche Woody!”, le gritaban al bajista Tom Chapman, quien lo sustituyó esa noche. Otras canciones coreadas fueron “True Faith” y “Perfect Kiss”. Sí hay un culto al cantante que decidió terminar sus días ahorcado en su cocina.
Algunos darks mimetizados entre los hipsters acudieron sólo con la intención de presenciar a los viejos integrantes de la “división de la alegría”, y al escuchar los emotivos acordes de “Atmosphere” los ánimos estallaron rememorando su efímero y trascendental paso por la música. “¡Queremos ver el holograma de Ian Curtis!”, decían en las redes sociales. “Love Will Tear Us Apart” con todo el sabor de los tiempos de “Factory Records” y “Hacienda” de Manchester cerró la velada. El amor nos destrozará, sin duda
El lunes siguiente de resaca, músculos rígidos, pies adoloridos y gargantas rasposas hicieron un “lunes triste” al regreso a las labores cotidianas. La pregunta para el próximo año es: ¿Qué deparará a este festival con la venta de la Cervecería Modelo a la belga Anheuser-Busch? ®

Discurso de Jaime López para presentar el libro "Crónica Biciteka" de Georgina Hidalgo. (Producciones El Salario del Miedo, 2021.) Lugar: Fonda El Convite. Fecha: 20 de octubre de 2021.

              ACERCA DE LA CRÓNICA BICITEKA DE GEORGINA HIDALGO VIVAS                                                                     ...