miércoles, septiembre 05, 2012

John Cage: la poesía de la nada

Publicado hoy en la sección El Ángel Exterminador de Milenio Diario
— Miriam Canales


Se encontraba a un paso de cumplir los 80 años cuando una congestión cerebral truncó su vida el 12 de agosto de 1992, en Nueva York. A 20 años de su aniversario luctuoso, su música sigue manteniendo el vigor y el aura de misterio y misticismo de los artistas estadunidenses más abstractos e influyentes del siglo XX. El 5 de septiembre habría cruzado el umbral de los cien años
México • Como músico, filósofo, pintor y hasta padre del happening  dejó un legado considerable, valioso para algunos, pretencioso para otros. Sus primeras obras se perdieron, pero su música se caracterizó por la influencia de la filosofía oriental como el budismo zen y el antiguo texto chino I Ching, plasmados en piezas como Prelude for meditation (1944), como herramienta fundamental a lo largo de su obra. Son conocidas también otras actividades a las que era asiduo como la meditación y la micología o el estudio de los hongos. Oriundo de Los Ángeles, California, y nacido en 1912, Cage aprendió su arte de maestros como Henry Cowell y Arnold Schoenberg, quien le preguntó si estaba seguro de dedicarse el resto de su vida a la música. No pudo jurarlo, pero ésta “fue generosa con él”, según reveló al periodista Rob Tannenbaum en una entrevista en conjunto con Brian Eno con quien trabajó cercanamente bajo el sello independiente Obscure Records.
Desde 1939 hasta 1970, Cage compuso sonatas, conciertos y música percusiva para danza moderna donde tuvo un papel importante el coreógrafo estadunidense Merce Cunningham. El trabajo de Cage serviría como piedra angular para los orígenes de la música aleatoria y la electrónica desde su primer obra: First Construction in Metal (1939) hasta Solo No. 43 (1970).
De Marcel Duchamp A 4:33

Su pieza quizá más famosa y controvertida es 4:33 (1952). Consiste en tres movimientos sin tocar una sola nota de piano. Desde su etapa universitaria fraguó cómo materializarla, pero creía difícil definirla en un contexto occidental. Una vez que decidió presentarla ese mismo año en un concierto en Woodstock Nueva York, Cage cerró la tapa del teclado y esperó 4 minutos y 33 segundos sin emitir sonido alguno. Volvió a levantarla ligeramente para marcar el final del primer y el segundo movimiento. La obra causó confusión y hasta la fecha algunos la califican de extraña y presuntuosa. Cage se justificó en la premiere: “No entendieron su objetivo. No existe eso llamado silencio. Lo que pensaron que era silencio fue porque no sabían cómo escuchar. Todo estaba lleno de sonidos accidentales. Podías oír el viento golpeando fuera durante el primer movimiento. Durante el segundo, gotas de lluvia comenzaron a golpetear sobre el techo, y durante el tercero la propia gente hacía todo tipo de sonidos interesantes a medida que hablaban o salían”.
El artista francés Marchel Duchamp también fue otra de sus influencias. Cage profesaba una admiración especial por su trabajo, pero desde su primer encuentro en 1942 no se atrevió a manifestarlo. Fue hasta años después que tuvo la determinación para pedirle que lo instruyera en el ajedrez, juego del que poseía una destreza notable. Es conocido el performance que montaron en marzo de 1968 en Toronto, Canadá, donde acompañados por Teeny, esposa de Duchamp, combinaron la música con una partida que llegó a extenderse hasta la madrugada, provocando una vez más en su audiencia, azoro, incomprensión y hasta aburrimiento. A él dedicó en 1947 la pieza Music for Marcel Duchamp.

Orbit, Zappa, Eno, Sonic Youth y su legado

Un acercamiento a los tiempos actuales plagados de rock y pop reciclados fue en el año 2000 cuando el disco Pieces In A Modern Style, del productor inglés William Orbit, incluyó una pieza suya a la par de compositores clásicos como Beethoven, Vivaldi y otros más contemporáneos en un sonido electrónico ambient. Había llegado a mis manos en los fríos días de diciembre de 2004 para nunca más irse y seguir explorando los confines abstractos de sus obras.
Los antecedentes electrónicos de Orbit con artistas como Madonna, Blur y U2 no sólo lograron transformar In a Landscape (1939) en una pieza en estilo moderno, sino en un piano melancólico inmerso en tintes cósmicos con un toque personal y característico. Esta pieza también se utilizó para musicalizar el tráiler de la película El aviador (2004), de Martin Scorsese. Artistas como Brian Eno, Frank Zappa y bandas como Sonic Youth y Stereolab y hasta el músico inglés electrónico Aphex Twin también reconocen la aportación de Cage en sus respectivos trabajos.
Ciudades como Washington, en Estados Unidos, preparan una serie de celebraciones con un festín de sonidos y actividades artísticas evocando su figura durante la semana del 4 al 10 de septiembre y, de igual forma, en Japón y Europa. En el Distrito Federal, el Colegio de México prepara un homenaje en la fecha del aniversario a este artista que demostró que también existe melodía en el silencio y que, a través de su obra, sentenció: “No tengo nada de qué decir, y lo estoy diciendo, eso es poesía”.

Twitter: @miricaiba

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