jueves, octubre 31, 2013

El rock mexicano y una semablanza al fetichismo


Merece ser celebrado y rendirle pleitesía?, ¿o es un tema que ya no amerita mayor relevancia? Entre pequeñas joyas y franca basura, el Museo del Objeto presenta la exposición 'El rock en México 1955-2010, que compila piezas referenciales a lo largo de medio siglo.
México • Se dice que no existe un rock mexicano, sino “un rock hecho en México”. Aquí están todos y no lo están a la vez: los flecos y ojos pintados de Caifanes, las guitarras de Fobia y sus botes de leche, los mil y un álter ego de Rubén Albarrán de Café Tacvba, pero tampoco esperen encontrar la grabadora de la mamá de Alex Lora “para salir en la tele”. Del mainstream alunderground, lo clásico y lo sobrevalorado.
El Museo del Objeto gestó este proyecto en un lapso de ocho meses asociándose al Instituto de la Juventud y su directora, María Fernanda Olvera; convocaron a una serie de músicos, coleccionistas y especializados en el tema del rock mexicano como la investigadora Julia Palacios, bajo la curaduría de Graciela Kasep, historiadora y miembro del equipo del Museo de Arte Carrillo Gil: “Sabemos que hay huecos, quisimos traer más objetos de Tijuana, Monterrey o Guadalajara, pero los recursos no lo permitían. Este es un primer intento desde el ámbito museístico para reconstruir la historia del rock”. No se dio información sobre su costo.
Hay muchos aciertos y elementos cuestionables y sobreestimados. En la primera sala conviven los baladistas y rocanroleros como César Costa y sus suéteres, Julissa y sus patines, discos de vinil de Los locos del ritmo y Los Sinners, la presencia de los Teen Tops, Enrique Guzmán y Baby Batiz. Algunos ejemplares de revistas pioneras como Pop México Canta también conforman esta génesis.
Otros periodistas y escritores imprescindibles como Parménides García Saldaña y José Agustín también se incluyen en Piedra rodante y sendos libros como La nueva música clásica Pasto verde. Parte de la bibliografía para esta investigación fueron libros como Guaraches de ante azulde Federico Arana, El otro rock mexicano de David Cortés y Rupestre de Jorge Pantoja, aunque no se exhiben ejemplares, uno casi inadvertido de La Mosca en la pared también se incluye, cuyo editor, Hugo García Michel, no fue convocado; revistas como Conecte son otra referencia, pero están ausentes copias de SonidoLa Pus ModernaBanda rockera o La Regla Rota como muestra del periodismo musical entre los años 70 y 80. ¿Tendrían en un futuro la misma trascendencia publicaciones como Frente Warp, también mostradas aquí? Es meritorio haber obtenido una copia del oficio enviado por la Dirección General de Seguridad de la época reportando “las conductas inmorales” del Festival de Avándaro y el manifiesto rupestre de figuras como Rockdrigo González.
Una sala subterránea se dedica un gran espacio a exhibir pares de tenis, patrocinados por una marca internacional, a la par de discos de bandas extranjeras como U2, Mötley Crue y Guns n’ Roses, que nada tienen que ver con México. Un lugar prescindible que solo desvía la atención de la cronología. No hay que olvidar los foros importantes como el Tianguis del Chopo con mayor crédito que cualquier festival como el Vive Latino.
Es de resaltarse que en la tienda del museo se comercializan algunos souvenirs con el nombre y viñetas de algunas bandas como El Personal hechas por una empresa de diseño gráfico llamada “In_dice”. A decir de algunos de sus músicos integrantes como Andrés Haro, nunca se pidió autorización ni hubo negociaciones. Paulina Newman, directora del museo, explicó: “No los diseñamos nosotros directamente, sino un proveedor que a eso se dedica. Tenemos un contrato de comprarles y ellos habrán hecho su investigación.Yo supongo que la empresa que nos ofreció los productos lo ha de haber negociado, pero no conozco sus procesos. Nosotros estábamos más enfocados a la exposición y lo que hacemos en la tienda es ofrecer a diseñadores mexicanos un punto de venta”.
En la sala de la escena más actual se ostentan otros objetos de valor discutible. ¿Qué representarían históricamente un vestido de Carla Morrison, unas figuras de juguete de Panda, o un perfume de Denise Gutiérrez de Hello Seahorse? El Instituto Mexicano del Sonido aportó un teclado desvencijado. ¿Acaso no tenía otro de mejor calidad?
Es de extrañarse la ausencia de algún elemento gráfico de bandas tapatías como Maná y El Personal y sí predominan otras de menor relevancia como Bon y los enemigos del silencio o IMS, donde han estado involucrados los hermanos Marcelo y Camilo Lara, contribuyentes en esta exposición. Graciela Kasep comenta: “También forman parte de la historia. Creo que en ningún momento tratamos de darle más peso a un artista que otro y buscamos un equilibrio. Aquí no era que una persona dictara o le diéramos más importancia”.
Mientras que el ego de algunos roqueros impera por los recovecos de las salas y otros ni siquiera se inmutan en aparecer, el rock mexicano resulta complejo de describir y cotejar en un espacio limitado. No hay un punto final a la historia y ésta seguirá escribiéndose desde proyectos modestos y grandes mafias.

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