domingo, abril 27, 2014

El auténtico creador del etno rock en México: Entrevista con Luis Pérez Ixoneztli.


Miriam Canales

En los años setenta, la escena rockera en México se encontraba sumida en condiciones marginales con espacios limitados y grandes restricciones gubernamentales. Por esos años, Luis Pérez Ixoneztli buscaba crear una propuesta que incluyeran diversas atmósferas musicales fusionadas con instrumentos precolombinos y la influencia del rock progresivo. Es así como surgió el disco En el ombligo de la luna, origen del etnorock en nuestro país.
En este género surgieron otros exponentes, como Jorge Reyes, Humberto Álvarez y el grupo Tribu. Sin embargo, el que detonó un parteaguas en la escena rockera fue este disco debut de 1981 de Pérez Ixoneztli, conocido también por su título en náhuatl: Ipan in xiktli meztli.
En la actualidad, este LP es un objeto de culto que resulta muy difícil de conseguir aun en su reciente reedición de 2012, de la que se lanzaron solo 500 ejemplares. Como muestra de su valía, En el ombligo de la luna se incluyó en una exposición de ese mismo año, presentada en el Festival Vive Latino y en el Centro Cultural España de la Ciudad de México, llamada 25 discos que cambiaron al rock mexicano, junto a bandas como Caifanes, Santa Sabina y Café Tacuba.
Formado en la Escuela Nacional de Música, Pérez Ixoneztli, a los 62 años, ha optado por el vegetarianismo, el yoga y la moderación. Comenzó su carrera incursionando en grupos como Ciruela, La verdad desnuda y Al Universo, donde coincidió con Jorge Reyes —incluso llegó a colaborar con Alfredo Díaz Ordaz, hijo del represor del movimiento estudiantil de 1968. “Los conciertos jalaban grandes multitudes pero quedaron aislados al norte de la ciudad, en los hoyos fonqui. Desafortunadamente teníamos la represión a un lado, en los mismos organizadores que cuando ibas a cobrarles después de tocar ya se habían ido. Estaba cansado de eso”.
Sus canciones no eran ajenas a la protesta política y social. Eran los tiempos en que la escena chicana tenía auge con bandas como La Revolución de Emiliano Zapata, El Ritual, Peace and Love y Nahual. Algunas de éstas se presentaban en los pocos centros nocturnos defeños de la época y la costumbre comercial los orillaba a cantar en inglés. “Yo tuve muchas frustraciones y desilusiones con el movimiento. Nos robaron los organizadores de conciertos, los mismos músicos me robaron ideas y los empresarios me prohibían cantar mis canciones en español porque ya tenían una connotación política y social”.
Su primer acercamiento a los instrumentos precolombinos ocurrió en 1971 en Palenque, Chiapas, y sus inquietudes lo llevaron a viajar y experimentar con estos a ciudades como San Miguel de Allende. Una vez definido el curso de su lenguaje musical, se estableció en la calle de Perú del Centro Histórico capitalino. “Cuando yo descubrí que tenía algo en mis manos que era diferente, decidí abandonar las ofertas de trabajo para sobrevivir. Yo tuve esa revelación”. Encerrado el día entero en un cuarto de vecindad bajo condiciones miserables. “El lado B de En el ombligo de la luna es caótico y es de todo el ruido que se percibía de la calle. Creo que me sirvió por todo eso que está incorporado. Así fue como se creó”.
La suerte del etnomúsico cambió cuando la UNAM y la Delegación Cuauhtémoc le concedieron algunos conciertos para presentar su trabajo. Un asistente grabó en casete uno de éstos y se lo enseñó a José Facio Maldonado, entonces subdirector de Acción Cultural del ISSSTE, quien le proporcionó apoyo para sacarlo de la precariedad en la que vivía.
El disco fue producido en sociedad con Polygram, con un tiraje inicial de cinco mil elepés. No tuvo una distribución comercial, pero con él vinieron una serie de invitaciones para aparecer en televisión y radio e incluso para impartir conferencias internacionales sobre música mexicana. “Ahí cambió mi vida. Facio Maldonado fue quien me dio conciertos, me puso en la nómina; él me salvó realmente de que yo me estaba muriendo”. Pérez y Facio trabajaron juntos realizando reportes sobre investigación musical a lo largo del país, mismos que se publicaron en la revista Coatlicue hasta que ambos fueron destituidos al término del sexenio lopezportillista.
La relación de Pérez con músicos como Jorge Reyes no resultó muy favorable, pues éste fue reconocido como el máximo exponente del etnorock hasta su muerte en 2009. Después de que se conocieran en su época estudiantil, incursionaran en bandas como Chac Mool y tras de que Reyes grabara su primer álbum solista Comala en 1986, este género tuvo otra faceta que él explotó hasta el final de sus días, mientras que Luis fue relegado.
“Jorge copió su trabajo directamente de mí. Fue a buscarme a mi casa y quería hacer algo conmigo, pero después me di cuenta por qué. Quería saber qué estaba haciendo yo y después salir con esa propuesta como si fuera suya; todos sus trabajos vienen después de 1981. Yo no quiero hablar mal porque ya falleció, pero no fue una persona honorable porque me robó todas esas ideas y después dijo que a él se le había ocurrido todo esto”.

Par la producción de En el ombligo de la luna se utilizaron instrumentos prehispánicos combinados con sintetizadores análogos en un ámbito de atonalismo e improvisación, en el que Luis Pérez decidió experimentar sin gozar de éxito comercial en México. Con el paso del tiempo, los vaivenes de su carrera lo condujeron a Ventura, California, donde aún reside. Ahí colaboró con el Cirque du Soileil de 1993 a 1996, y su discografía aumentó. Artistas como Jon Anderson (Yes), Hans Zimmer y James Horner se acercaron a él. En 2003, fue comisionado para componer la música del Disney Concert Hall inspirado en el Popol Vuh. Otros de sus álbumes de estudio más recientes son Far away and close to home (2005) y Tales of astral travelers (1998).
Para la segunda mitad de los ochenta, México vivió una nueva explosión musical en la que el “rock en tu idioma” abandonaba la escena precaria; asimismo, los hoyos fonqui y sus artistas anteriores quedaron en un segundo plano. “Yo me fui en 1987, y a mi partida se desarrolló un nuevo movimiento musical. Este disco se quedó como un testimonio”. Su legado se mantiene en pie. Quizá un día la historia de la música de este país le dé el lugar que merece a Luis Pérez Ixoneztli.

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